Cover La poesía en el cine reside en la creatividad incesante del director.

Al igual que la literatura, la poesía en el cine reside en la creación incesante de la imaginación, que atraviesa el consciente y el subconsciente para ofrecer una nueva visión del mundo a través del lenguaje cinematográfico de cada director.

Una joven de cabello cobrizo corte pixie camina por una calle atestada. La cámara lenta parece intentar detener el tiempo hasta que, de repente, un accidente desata el caos. Un hombre de rostro curtido, ataviado con un traje arrugado y una gastada gorra roja, camina sin rumbo por las vías del tren en la inmensidad de París (que en realidad es Texas, Estados Unidos). A lo lejos, resuena el canto de un pájaro mientras una mujer avanza por un prado marchito. Suenan los tambores, seguidos por los acordes de una guitarra y un violín, y ella comienza a bailar con frenesí.

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Para quien escribe estas líneas, se trata de escenas cinematográficas verdaderamente poéticas, rescatadas por la memoria de obras maestras como “Closer” (2004) del director Mike Nichols, “Paris, Texas” (1984) de Wim Wenders y “Mother” (2009) de Bong Joon-ho. Estas son apenas unas pocas entre cientos de secuencias memorables que, con sus diversos matices, demuestran cómo el cine puede trascender, incluso cuando el director no siempre se asocie con un lenguaje cinematográfico puramente poético. Esta diversidad cromática es precisamente lo que suscita una interrogante esencial: ¿qué es realmente la poesía en el cine? ¿Por qué la obra de ciertos cineastas se considera más poética que la de otros?

Tatler Asia
Above La obra “Inside the Yellow Cocoon Shell” de Phạm Thiên Ân cautiva con sus hermosos y melancólicos fotogramas llenos de poesía en el cine. (Imagen: JK Film)

Entre las innumerables definiciones de la poesía, quizás la de Carl Phillips, renombrado poeta estadounidense contemporáneo, ofrezca la perspectiva más fascinante. Para él, la poesía nos permite (tanto al creador como a su público) contemplar el mundo de una manera inédita. Afirma que la poesía es particularmente peligrosa, pues establece un pacto profundo entre el consciente y el subconsciente; todo poeta crea incesantemente a través de su imaginación.

El director Trần Anh Hùng, un cineasta frecuentemente asociado con un “lenguaje cinematográfico de profunda vena poética”, sostiene que el arte es, ante todo, una mirada, no un mero contenido. Subraya que el creador debe hallar la esencia dentro de lo existente. Su concepción sobre la poesía en el séptimo arte guarda ciertas similitudes con la de Carl Phillips, al plantear que la frescura del mundo proviene de la perspectiva y no de la narrativa en sí. Y la misión primordial del cineasta es, precisamente, encontrar la forma de transmitir esa visión única a través del cine.

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Parece que tanto poetas como directores han asimilado la enseñanza del filósofo Aristóteles sobre la mimesis y la catarsis. Las películas de gran lirismo no solo relatan historias (es decir, proveen significado), sino que también aportan una cualidad poética que, en ocasiones, llega a prescindir de la narrativa tradicional. Por ello, aquellos creadores vinculados a la poesía en el cine, además de narrar, prestan especial atención al impacto estético, a los ángulos de cámara, al ritmo y a la iluminación. Conciben atmósferas evocadoras que invitan más a la contemplación sensorial que al simple seguimiento de una trama.

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Above La película “The Tree of Life” del director Terrence Malick ofrece un aura de misterio y seducción cautivadora en la historia del cine. (Imagen: Fox Searchlight Pictures)

Si concebimos una película como un texto, podemos sencillamente “leerla”. Sin embargo, si una obra posee un marcado tono lírico, significa que también podemos recitarla o saborearla. Pero en lugar de valerse de palabras, métrica y rima como la literatura, el cine emplea imágenes, sonidos, iluminación, cadencias e incluso diálogos (o el más absoluto de los silencios). Cineastas europeos de la talla de Chantal Akerman (Bélgica), Michelangelo Antonioni (Italia), Krzysztof Kieślowski (Polonia) o Theo Angelopoulos (Grecia) son aclamados por su lirismo, fruto de una originalidad expresiva que prefiere sugerir antes que relatar.

Asimismo, numerosos creadores soviéticos han conquistado al público gracias a la innegable poesía en el cine que destilan sus obras, como es el caso de Andrei Tarkovsky o Sergei Parajanov. Tarkovsky, profundamente influido por su padre, el poeta Arseny Tarkovsky, dotó a cintas como “Solaris” y “Stalker” de un matiz de ciencia ficción sumamente poético, caracterizado por lo etéreo, lo onírico y una profunda exploración del subconsciente humano. Por su parte, el lirismo visual de Parajanov destaca por sus magistrales metáforas. Obras suyas como “Los caballos de fuego” y “El color de la granada” brillan por sus vibrantes composiciones y sus delicados matices de ensoñación.

En ocasiones, este lenguaje poético se manifiesta también a través de una cualidad meditativa, en la quietud y en la sensación de eternidad que es capturada y purificada en cada fotograma. Las sosegadas escenas del director japonés Yasujirō Ozu en cintas como “Cuentos de Tokio” y “Primavera tardía” se asemejan a exquisitos haikus, donde la máxima expresión reside en la mínima intervención.

Por otro lado, los exponentes de la nueva ola surcoreana, tales como Park Chan-wook, Kim Ki-duk, Bong Joon-ho y, más recientemente, Lee Chang-dong, poseen personalidades creativas formidables, repletas de contrastes y, en ocasiones, de cruda violencia. No obstante, Park Chan-wook es capaz de concebir secuencias de sublime melancolía poética, como la desgarradora desesperación en medio de la nieve en “Oldboy”; al igual que Kim Ki-duk en “Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera”. De igual manera, Lee Chang-dong evoca fotogramas impregnados de lirismo en el cine contemporáneo, siendo “Burning” un ejemplo paradigmático de esta corriente.

Durante décadas, la inconfundible estética de Wong Kar-wai lo ha posicionado como uno de los máximos exponentes del cine poético, no solo en Hong Kong, sino a nivel mundial. Sus creaciones suelen irradiar una atmósfera particular, envuelta en un cromatismo único y profundamente arraigada al pulso de la ciudad. Películas emblemáticas como “Días salvajes”, “Chungking Express”, “Deseando amar” o “2046” ostentan un estilo visual incomparable, donde el romance se entrelaza de manera fascinante con la realidad cotidiana.

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Above Un hermoso fotograma de “Inside the Yellow Cocoon Shell” de Phạm Thiên Ân, gran ejemplo del cine poético.

Existe una cualidad inefable que describe a las personas, los paisajes o las atmósferas verdaderamente pintorescas o poéticas. Precisamente por poseer este atributo, resulta imperativo capturarlas. Los artistas se esfuerzan por recrear esos escenarios por todos los medios a su alcance: mediante versos, narraciones, fotografías, lienzos, melodías o películas de cine. Lo “poético” no se limita a un mero entorno exterior, sino que representa un reflejo de la intimidad de quien lo contempla. Esta singular característica no solo sirve como fuente de inspiración, sino que se erige como una auténtica forma de expresión artística. Quizás la esencia de la poesía en el cine radique en la creatividad incansable de la imaginación, capaz de franquear los límites entre el consciente y el subconsciente, forjando así una nueva concepción del mundo a través de la lente y el lenguaje particular de cada cineasta.

Esta sensibilidad lírica, tamizada por el prisma interior del creador, constituye una disciplina en sí misma. Es en este espacio donde deciden filtrar la mirada a través del follaje o atenuar ciertos ruidos ambientales. La lánguida pesadez de “El olor de la papaya verde”, interrumpida súbitamente por el estruendo de un aguacero torrencial cayendo sobre un cántaro, ejemplifica a la perfección esa poesía visual desde la perspectiva de Trần Anh Hùng. Ese verdor omnipresente, evocador de las hojas, de la guayaba y de la vida misma, ilustra de qué modo Đặng Nhật Minh transmutó la naturaleza en fotogramas magistrales y evocadores en “La temporada de las guayabas”.

En el panorama del cine vietnamita contemporáneo, donde predominan ampliamente las superproducciones comerciales, aún perdura un grupo selecto de cineastas independientes que se dedican a cultivar la poesía en sus planos cinematográficos. Phạm Thiên Ân explora dimensiones trascendentales mediante obras de profunda reflexión, como “Inside the Yellow Cocoon Shell”; mientras que Leon Lê se afana en revivir la herencia cultural y la cotidianidad a través del prisma de la nostalgia en cintas como “Song Lang” y “Quán Kỳ Nam”.

La poesía en el séptimo arte no siempre se reviste de delicadeza. En ciertas ocasiones, se plasma a través de imágenes de contundente impacto, como las que despliega el director Việt Vũ en su documental “The Eternal Springtime” o como se advierte en la riqueza metafórica de los fotogramas en blanco y negro de Phạm Ngọc Lân. La máxima del lenguaje del cine dicta “mostrar, no contar”, y el lirismo en el celuloide vietnamita reside precisamente en esa forma única y personal de exhibir el alma que posee cada director.

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