Yayoi Kusama  exhibition at 3 Venues, in Paris. (Photo by Alain Nogues/Sygma/Sygma via Getty Images)
Cover Imagen de la artista “Yayoi Kusama” en su exposición de 2001 en París. (Foto: Getty Images)
Yayoi Kusama  exhibition at 3 Venues, in Paris. (Photo by Alain Nogues/Sygma/Sygma via Getty Images)

El fallecimiento de “Yayoi Kusama” a los 97 años marca el final del viaje de una de las artistas más influyentes del arte contemporáneo. Desde sus icónicos lunares y calabazas hasta sus espacios infinitos, el legado de esta maestra de las artes sigue abriendo nuevas perspectivas sobre el arte, la identidad y la sanación.

El 14 de agosto de 2026, el Museo Yayoi Kusama de Tokio y la Fundación Yayoi Kusama anunciaron oficialmente el fallecimiento de la artista a los 97 años en un hospital de Tokio. Esta triste noticia pone fin al recorrido de una creadora que dedicó su vida entera al arte contemporáneo, dejando un vacío profundo en el mundo creativo.

Sin embargo, para “Yayoi Kusama”, un final nunca fue realmente definitivo. Sus lunares, sus calabazas amarillas, sus redes infinitas y sus cuartos de espejos ilimitados trascendieron el lenguaje personal para convertirse en símbolos universales de la cultura actual. Detrás de esta estética inconfundible, existe una práctica artística de décadas nacida de obsesiones, vulnerabilidades y una fe inquebrantable en sí misma.

Al repasar su trayectoria, la exposición “Yayoi Kusama: 1945 to Now”, celebrada en el museo M+ en 2022, fue una oportunidad excepcional para comprender su universo complejo. Con más de 200 obras que abarcan desde sus inicios hasta creaciones inéditas para M+, la muestra nos permitió descubrir a una “Yayoi Kusama” valiente, vulnerable y siempre dispuesta a desafiar los límites del arte.

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Covered in polka dots and immersed in mirror reflections, Yayoi Kusama’s otherworldly installations invite viewers to experience her concept of “self-obliteration” and dissolve into an endless expanse of colour. (Photo: Getty Images)
Above Cubiertas de lunares y envueltas en reflejos infinitos, las instalaciones de “Yayoi Kusama” invitan al espectador a experimentar su concepto de “auto-aniquilación” en un espacio cromático sin fin. (Foto: Getty Images)
Covered in polka dots and immersed in mirror reflections, Yayoi Kusama’s otherworldly installations invite viewers to experience her concept of “self-obliteration” and dissolve into an endless expanse of colour. (Photo: Getty Images)

¿Qué hay más allá de los lunares de Yayoi Kusama?

Los falos, los lunares y las calabazas son el “trío” que define la estética de “Yayoi Kusama”. Incluso los menos familiarizados con el arte reconocen estas formas. No obstante, como señaló Doryun Chong, director adjunto de curaduría de M+, la obra de la artista es mucho más vasta.

“Yayoi Kusama: 1945 to Now” se estructuró en torno a seis temas: infinitud, acumulación, muerte, vitalidad, biología cósmica y conectividad radical. Este enfoque permitió apreciar su práctica multidisciplinar, que abarca la pintura, escultura, performance y poesía.

La muestra presentó creaciones memorables, incluyendo tres obras nuevas: “Dots Obsession - Aspiring to Heaven Loves” (2022), dos piezas de “Pumpkin” (2022) y “Death of Nerves” (2022), una versión realizada específicamente para M+ basada en su trabajo de 1976.

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Above Yayoi Kusama, Foto: Yusuke Miyazaka, Cortesía de Ota Fine Arts, Victoria Miro y David Zwirner © Yayoi Kusama

Una pieza clave en M+ fue “Self Obliteration” (1966-1974), icónica de su etapa de transición. La obra combina escultura y pintura, presentando figuras cubiertas de “redes infinitas” alrededor de una mesa. Para Chong, es excepcional al ser una de las pocas piezas que “Yayoi Kusama” llevó consigo desde Nueva York de regreso a Japón.

La exposición organizó las obras para abarcar los conceptos fundamentales de “Yayoi Kusama”, logrando una visión integral que demuestra cómo su práctica artística, desde la pintura hasta la escultura contemporánea, ha redefinido nuestra percepción del espacio.

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Above Doryun Chong, director adjunto de M+, Foto: Winnie Young en Visual Voices, cortesía de M+ Hong Kong.
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Above Mika Yoshitake, curadora independiente y experta en Yayoi Kusama, Foto: William Atkins

Años rompiendo fronteras

El Nueva York de los años 60 fue testigo de una “Yayoi Kusama” audaz. En pleno apogeo de la cultura hippie, experimentó con performances que integraban el cuerpo y la política, como se aprecia en el área de “conectividad radical” del M+.

Kusama participó en protestas contra la guerra de Vietnam y utilizó performances con desnudos y lunares como una forma de cuestionar las normas de género. Estas acciones no buscaban mera atención, sino sacar el arte de los museos. Para Yoshitake, al eliminar el “ego”, “Yayoi Kusama” permitía que los seres humanos se vieran como iguales, independientemente de cualquier etiqueta.

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Above Las calabazas de “Yayoi Kusama” (1998 - 2000), Foto: © Yayoi Kusama, Colección de la artista

Esta determinación definió su carrera. Como mujer asiática en un entorno artístico dominado por hombres, “Yayoi Kusama” destacó por su resiliencia. En la Bienal de Venecia de 1966, con “Narcissus Garden”, vendió 1.500 esferas de espejo a 2 dólares cada una, cuestionando la mercantilización del arte.

Su elección de vestir kimonos mientras desafiaba al sistema fue un acto consciente de autoafirmación cultural. “Yayoi Kusama” nunca buscó ocultar su origen; al contrario, lo utilizó para enfatizar su singularidad en el mundo del arte occidental.

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Above Obra de instalación “Self Obliteration” de “Yayoi Kusama” (1966 - 1974), parte de la Colección M+, Foto: © Yayoi Kusama/M+ Hong Kong

El kimono amarillo también fue una elección deliberada. Al operar en un escenario occidental, “Yayoi Kusama” decidió resaltar su identidad, demostrando una claridad meridiana sobre su postura frente al mercado del arte de su época.

El arte como refugio

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Above Obra Untitled (Chair) (1963) de “Yayoi Kusama”, Foto: © Yayoi Kusama, Colección de la artista

Tras el éxito internacional, el regreso a Japón de “Yayoi Kusama” en los años 70 fue silencioso. Fue una época marcada por la depresión, donde el arte le brindó un refugio. Además de la pintura, se volcó en la literatura, escribiendo novelas surrealistas y profundas que exploraban temas como la muerte y la sexualidad.

Su infancia, marcada por la desconfianza hacia las relaciones humanas, influyó profundamente en su rechazo al matrimonio. La escritura fue otra faceta donde “Yayoi Kusama” volcó su imaginación inagotable.

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Above Obra “Narcissus Garden” de “Yayoi Kusama” en la Bienal de Venecia de 1966, Foto: © Yayoi Kusama, Colección de la artista.

Para “Yayoi Kusama”, el arte fue una forma de terapia. Las formas obsesivas de su obra ayudaron a procesar sus traumas, convirtiendo sus lunares en un lenguaje de conexión universal. Como bien dijo Yoshitake, ella tenía un mundo de imágenes que necesitaba proyectar hacia el exterior.

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Above Obra “The Moment of Regeneration” de “Yayoi Kusama” (2004), Foto: © Yayoi Kusama, Cortesía Ota Fine Arts, Victoria Miro y David Zwirner

Más allá de la estética tierna

En la era de Instagram, las obras de “Yayoi Kusama” suelen ser percibidas como “tiernas” o simplemente decorativas. Sin embargo, Chong advierte que reducir su arte a lo visual ignora la profundidad psicológica de la artista. Lo que hace que su legado sea perdurable es su capacidad para tocar las fibras del alma humana.

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Above Obra “Infinity Mirrored Room” de “Yayoi Kusama”, Foto: © Yayoi Kusama, Cortesía Ota Fine Arts, Victoria Miro y David Zwirner

La honestidad de “Yayoi Kusama” sobre su salud mental ha sido vital. A diferencia de muchos, ella nunca ocultó sus luchas, convirtiéndolas en el corazón de su creación. Su capacidad para enfrentar la adversidad y buscar la sanación a través de sus puntos e instalaciones es el pilar de su importancia en el arte contemporáneo.

Incluso tras residir en un centro de salud mental desde 1977, “Yayoi Kusama” nunca dejó de crear. Para ella, el arte es una forma de supervivencia y renacimiento constante, una lección que resuena con fuerza en los tiempos actuales.

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Above Obra “Sex Obsession” de “Yayoi Kusama” (1992), Foto: © Colección Yayoi Kusama, Lito y Kim Camacho

El impacto de “Yayoi Kusama” perdurará. Su mundo infinito nos invita a conectar, sanar y mirar dentro de nosotros mismos. A través de cada lunar y cada red, la artista nos dejó un legado imperecedero donde el arte y la vida se entrelazan de forma magistral.

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Ky Anh
Editora Junior de Estilo, Estilo de Vida y Cultura, Tatler Vietnam
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Como editor junior de Tatler Vietnam, Ky Anh escribe en la intersección del estilo, el estilo de vida y la cultura. Atraído por las historias que dan forma a nuestra manera de vivir, crear y expresarnos, explora el lenguaje en constante evolución del lujo contemporáneo a través de la moda, la belleza, los viajes, el diseño y las artes. Su trabajo busca capturar no solo lo que define el momento cultural, sino también a las personas, los lugares y las ideas que, discretamente, dan forma al futuro.