Una pequeña lámpara que funciona con agua salada plantea nuevas perspectivas sobre la practicidad en la industria energética.
La ingeniera, educadora, emprendedora social y galardonada de Gen.T, Aisa Mijeno-Labastilla, ha materializado una idea aparentemente sencilla: la innovación debe partir de las realidades cotidianas. A través de SALt —el proyecto que fundó en Manila— ha transformado una lámpara halógena de metal que funciona con agua salada en una declaración convincente sobre cómo la sostenibilidad puede servir a la comunidad en lugar de limitarse a la industria.
La lámpara SALt surgió como una solución para los hogares desconectados de la red eléctrica. Al activar la celda galvánica con agua salada, este dispositivo proporciona luz durante horas sin los riesgos ni los gastos de las lámparas de queroseno o las pilas desechables. Sin embargo, su trascendencia supera su mecanismo técnico. En un sector dominado habitualmente por sistemas complejos y grandes infraestructuras, la obra de Labastilla redefine la energía limpia como algo compacto, práctico y de utilidad inmediata.
Este enfoque ha conmovido a un público mucho más amplio que el de las comunidades originales a las que se dirigía. Reconocimientos como el Premio a la Sostenibilidad 2025 en Londres han proyectado el proyecto SALt a escala internacional, marcando un punto de inflexión. Este hito también allanó el camino para el lanzamiento de la versión comercial de la lámpara, permitiendo que la iniciativa alcance nuevos mercados.

Above Aisa Mijeno-Labastilla ha redefinido la sostenibilidad con SALt, una lámpara de agua salada que aporta luz, dignidad y soluciones prácticas a comunidades desconectadas de la red eléctrica. (Foto: Aisa Mijeno-Labastilla)
La trayectoria de Labastilla se desarrolla en un contexto donde a menudo se subestima a las mujeres en los campos técnicos. En lugar de amoldarse a las expectativas preestablecidas sobre el liderazgo tecnológico, ha forjado su reputación a base de perseverancia, empatía y una profunda comprensión de las personas a las que sirve. Su historia demuestra que las innovaciones más significativas no surgen de deslumbrantes exhibiciones tecnológicas, sino de escuchar atentamente a las comunidades más afectadas por un problema.
Hoy en día, SALt nos recuerda que la sostenibilidad no reside únicamente en ambiciosos objetivos climáticos o infraestructuras sofisticadas; también radica en diseñar herramientas que restauren la resiliencia y abran nuevas oportunidades en la vida diaria. Para Labastilla, cada lámpara que llega a un hogar es la prueba irrefutable de que un diseño basado en la empatía y la practicidad puede iluminar un nuevo camino tanto para la industria como para la sociedad.
Preguntas y Respuestas
Si observamos el panorama actual del sector energético, ¿cuál considera que es el impacto más duradero de su trabajo?
Creo firmemente que el legado más perdurable de SALt es demostrar que la sostenibilidad puede ser sumamente práctica y no quedarse en un mero ideal. El sector energético suele estar dominado por enfoques tecnológicos complejos, pero SALt evidencia que la innovación más transformadora a menudo reside en soluciones sencillas, accesibles y diseñadas con un propósito claro para aquellas comunidades que suelen quedar al margen del diálogo.
Al desarrollar una lámpara halógena que se activa con agua salada, hemos reescrito la narrativa: la energía limpia no trata solo de infraestructuras a gran escala, sino también de resiliencia y supervivencia cotidiana.
¿Qué aspecto de su labor resulta hoy más apremiante que en sus inicios?
En nuestros comienzos, SALt se centraba en resolver una necesidad muy concreta: brindar iluminación a comunidades sin acceso a la red eléctrica.
En la actualidad, esa urgencia se ha multiplicado al enfrentarnos a crisis globales superpuestas, como el cambio climático, la seguridad energética y la creciente brecha de desigualdad. Lo que antes parecía ser la realidad de una minoría se ha convertido hoy en una preocupación para toda la humanidad.
Haber sido galardonados con el Premio a la Sostenibilidad 2025 en Londres y participar en el programa LIF Global 2025 nos ha permitido lanzar la versión comercial de la lámpara SALt. Este logro subraya una lección fundamental: las soluciones sostenibles deben ser escalables y no pueden quedarse eternamente en fase de prototipo.
¿A qué desafíos se ha enfrentado como mujer en este sector? ¿Qué le han enseñado estas experiencias?
Como mujer en el ámbito de la ingeniería y la innovación, uno de los obstáculos más persistentes es la subestimación. En ocasiones, he tenido que esforzarme el doble para que se me tome en serio, especialmente en entornos donde se asume que el liderazgo y la autoridad técnica deben tener un perfil determinado.
Estas vivencias me han enseñado el valor de la resiliencia, la claridad de propósito y la importancia de construir comunidades que se apoyen mutuamente. También me recuerdan que la presencia de la mujer en esta industria no es solo para ser vista, sino para redefinir a quién se escucha y en quién se confía al innovar.

Above Una familia utiliza la lámpara de agua salada SALt para leer, estudiar y hacer los deberes en su hogar. (Foto: Aisa Mijeno-Labastilla)
Más allá de sus propios proyectos, ¿cómo espera que su trayectoria inspire a la próxima generación de mujeres en la industria?
Deseo que mi camino demuestre a las jóvenes que no necesitan encajar en un molde preestablecido para brillar en los campos de la ciencia y la tecnología.
La innovación no es coto exclusivo de los genios tecnológicos; este sector también requiere de personas empáticas, perseverantes y con un gran sentido de propósito. Quiero que comprendan que las soluciones nacidas de la compasión pueden ser sumamente poderosas, que el liderazgo puede ser auténtico y que su voz no es una excepción en la industria, sino una absoluta necesidad.
Si SALt logra inspirar aunque sea a una sola joven a creer que “yo también puedo crear algo verdaderamente significativo”, su impacto habrá trascendido con creces a la propia lámpara.
Si mira hacia atrás, ¿hay algún momento en su carrera que destaque como un punto de inflexión o un hito del que se sienta especialmente orgullosa?
Uno de los momentos más decisivos fue encontrarme en el escenario de Londres en 2025 para recibir el Premio a la Sostenibilidad.
Ese galardón nos ayudó a transformar SALt de un prototipo con misión social a un producto comercial capaz de llegar a muchos más hogares y comunidades.
Pero más allá de todo eso, el verdadero hito fue comprender que una idea concebida para servir a los demás se había convertido en parte de un movimiento global hacia la sostenibilidad y la innovación inclusiva.
Este artículo es una traducción del original “The saltwater lamp that’s challenging the power industry and how we think about clean energy” escrito por Syrah Vivien Inocencio y publicado en Tatler Global.
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