Por primera vez en la historia, en apenas cinco años, un individuo se ha erigido como un emblema mundial de la creatividad. Y dicho icono genera una profunda y compleja división.
En las suntuosas cenas de Los Ángeles, es frecuente ver a Sam Altman, fundador de OpenAI —la empresa creadora de ChatGPT—, con un aspecto sencillo: botines Chelsea color carbón y una camiseta de punto panadero. Sin embargo, tras esa apariencia inofensiva se esconde el hombre que posee la llave para redefinir la creatividad y el futuro de la humanidad.
Dos biografías suyas resuenan en la prensa internacional: “El optimista” de Keach Hagey y “El imperio de la IA” de Karen Hao. Ambas configuran un inquietante retrato dual de una figura comparada con el Oppenheimer moderno. Por un lado, “El optimista” describe a Altman como un “profeta secular” con una fe inquebrantable en el progreso tecnológico. Por otro, “El imperio de la IA” lo retrata como un oportunista que utiliza sus ideales como herramienta para erigir un nuevo imperio.
El salvador de Silicon Valley
En “El optimista”, Keach Hagey retrata a Altman como un “negociador brillante con pasión por el riesgo y una fe casi religiosa en el avance de la tecnología y la creatividad”. Su trayectoria, desde sus inicios en Y Combinator (YC), se describe como una epopeya de ascenso, donde los conflictos personales y las decisiones fugaces marcan hitos históricos.

Above El vertiginoso ascenso de Sam Altman ha transformado la visión sobre la creatividad tecnológica en la actualidad.
A lo largo del libro, Sam Altman se erige como el paradigma del líder servicial, encomendado a la misión de resolver los mayores desafíos globales mediante la inteligencia artificial.
Hagey revela a un Altman con un talento de persuasión extraordinario, capaz de transformar OpenAI de una modesta organización sin fines de lucro a una colosal maquinaria de ingresos. A los ojos de sus defensores, su optimismo actúa como un faro en medio de la tormenta de inquietudes que suscita la IA. Él confía en que la tecnología brindará una prosperidad inagotable —un mundo nuevo y asombroso—, y es precisamente esta convicción la que ha atraído a las mentes más brillantes del planeta y un flujo de capital sin precedentes hacia OpenAI.
Cuando el ideal es un instrumento de poder
En marcado contraste con ese esplendor, Karen Hao despoja a la narrativa de sus capas superficiales. La autora nos aparta de las oficinas climatizadas de San Francisco para enfrentarnos a realidades más crudas: la apropiación de recursos, el monopolio del poder global y el surgimiento de nuevas formas de desigualdad.
Lejos de dejarse seducir por el aura de Silicon Valley, Hao emplea un agudo estilo de periodismo de investigación para desmitificar conceptos abstractos. En lugar de hablar de la “nube”, documenta los centros de datos que devoran enormes cantidades de electricidad y agua. En lugar de enaltecer la “inteligencia”, expone la precariedad laboral detrás del etiquetado de datos.
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Una versión mucho más sombría de Altman emerge en estas páginas: la del oportunista que instrumentaliza sus ideales. Según la autora, las promesas de “servir a la humanidad” funcionan como un escudo moral en la contienda por la supremacía tecnológica. Históricamente, las grandes gestas de poder rara vez se presentan como meras conquistas; suelen ir acompañadas de un propósito noble, ya sea la religión, la ilustración o el progreso. En el ámbito de la IA, este ideal adopta el nombre del “futuro de la humanidad”, convirtiéndose en una herramienta para concentrar el poder a una escala nunca antes vista.
Así, para Hao, el optimismo de Altman constituye en realidad una suerte de “capitalismo del desastre”, donde el poder se acumula al generar y, posteriormente, prometer la resolución de riesgos existenciales.
La dualidad del poder
Ambas obras convergen de manera intencionada en un punto: el escepticismo respecto al objetivo último de Altman. Al igual que el célebre “experimento de los clips” —donde una IA programada para fabricar clips convierte toda la Tierra en una fábrica al carecer de límites éticos—, Altman parece empeñado en optimizar el mundo conforme a su visión personal. Pero, ¿cuál es verdaderamente esa visión y cómo afecta a la creatividad humana?
El estremecedor suceso de noviembre de 2023, cuando la junta directiva destituyó a Sam Altman, ofrece un atisbo de respuesta. La manera en que ambas autoras descifran este “terremoto” refleja fielmente sus respectivas perspectivas. Keach Hagey describe el episodio como un dramático “golpe de Estado”, producto de la acumulación de tensiones derivadas de la personalidad “ambigua” de Altman y su estilo de gestión evasivo ante los conflictos.
A través de la pluma de Hagey, el lector asiste a una narrativa donde la lealtad se pone a prueba; un escenario en el que inversores y empleados se alzaron para restituir a su “capitán”. El lenguaje de Hagey, rico en metáforas y emotividad, resalta el encanto y el excepcional poder de persuasión de Altman.

Above El desarrollo vertiginoso de la inteligencia artificial plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro de la sociedad.
Por el contrario, Karen Hao expone una perspectiva lúgubre de todo el sistema. No lo interpreta simplemente como un conflicto personal, sino como el esfuerzo desesperado, aunque fallido, de quienes intentaban evitar que OpenAI se transformara en el “Ojo de Sauron”, una entidad de poder incontrolable.
Mientras Hagey cita a un Ilya Sutskever arrepentido tras el incidente, Hao profundiza en el sentimiento de “maltrato psicológico” que varios colegas padecieron bajo el mandato de Altman. El retorno de Altman al poder representa, para Hao, la prueba irrefutable de que el “imperio” ha sido completamente cooptado por intereses comerciales, marcando el fin del ideal originario sin ánimo de lucro.
La lectura en paralelo de estos dos libros revela la innegable dualidad del poder en esta nueva era tecnológica.
El propio Altman reconoció en una ocasión que su imagen pública es apenas una proyección tangencial de su verdadero ser. Entonces, ¿dónde reside la verdad? Quizás se encuentre precisamente en el abismo entre ambas páginas: un porvenir colmado de promesas y creatividad, pero también saturado de apropiación; un líder con corazón de santo que, no obstante, alberga ambiciones de emperador. Esa amalgama anuncia un horizonte sumamente incierto para la humanidad.
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