Cover La doctora Gladys McGarey explora los secretos para construir una vida que valga la pena a través del bienestar y el propósito.

En una era que considera la longevidad como un proyecto optimizable mediante datos, nutrición y tecnología, la doctora Gladys McGarey nos devuelve a una pregunta fundamental: ¿qué hace que una vida plena sea verdaderamente una vida que valga la pena?

A sus 102 años, la cofundadora de la Asociación Americana de Medicina Holística suele recibir preguntas sobre su secreto para la longevidad. ¿Corre, practica Pilates o sigue una dieta estricta? La respuesta es sorprendente: McGarey no corre, practica Pilates ocasionalmente y disfruta de los pasteles. En su 95 cumpleaños, incluso emergió de un pastel gigante.

Tras más de ochenta años de práctica médica, McGarey ha atendido a pacientes que seguían dietas tan perfectas que les causaban sufrimiento, o a otros que, temerosos de la muerte, se retiraban del mundo. Todos esperaban que ella les indicara un ingrediente secreto para prolongar sus años. McGarey confiesa que no ha encontrado tal fórmula. La salud y la felicidad, según ella, comienzan con la forma en que cada persona mira su propia vida.

Vivir una vida que valga la pena, el libro que le tomó más de un siglo concebir, sigue un camino distinto en el mercado de la longevidad. En lugar de centrarse únicamente en la juventud eterna, la obra apunta hacia la capacidad de “envejecer con salud”. La edad, bajo la perspectiva de McGarey, es un proceso continuo de aprendizaje, descubrimiento de alegría y culminación de propósitos pendientes.

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Envejecer con salud: una vida que valga la pena

Este concepto emerge pronto en el libro y define su esencia. La vejez a menudo se narra como una serie de pérdidas: declive físico, pérdida de memoria, roles sociales reducidos y un futuro que se acorta. McGarey observa estos mismos cambios desde otro ángulo. Para ella, la salud reside en la capacidad de seguir participando en la vida.

Dicha visión se refleja claramente en cómo McGarey acepta los cambios del sueño al envejecer. Duerme menos y a menudo se despierta a medianoche. Lejos de ver esas horas de vigilia como un tiempo perdido, las utiliza para planificar, recordar a quienes han marcado su camino y centrar su mente en lo que le aporta alegría. Los sueños, según afirma, se vuelven aún más vívidos con la edad. Por tanto, el descanso es una actividad de restauración que prepara al cuerpo para la jornada siguiente.

Este estilo narrativo muestra el sello personal de McGarey. Comienza con un fenómeno físico menor —una noche de insomnio, un dolor, un paso— para luego expandirse hacia una reflexión sobre la existencia. Los conceptos importantes se anclan en experiencias concretas, logrando un tono que recuerda a la sabiduría de un anciano combinada con la guía de un experto en salud y una vida que valga la pena.

“Envejecer con salud” significa también continuar imaginando el futuro. A sus 102 años, McGarey mantiene un plan a diez años. Este detalle es más importante que cualquier fórmula de longevidad, pues demuestra que aún percibe el futuro como un espacio al que tiene derecho a entrar. Sigue aprendiendo cada día de sus seis hijos septuagenarios, de sus nietos, de sus doce bisnietos y de los primeros miembros de la quinta generación de su familia.

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Above La doctora Gladys McGarey reflexiona sobre cómo construir una vida que valga la pena a través de la sabiduría.

En el sistema de McGarey, la longevidad está intrínsecamente ligada a las relaciones generacionales. Vivir mucho tiempo cobra sentido cuando las personas siguen dando y recibiendo experiencia, amor y cuidados. Los estudios sobre la vejez que cita el libro apuntan en la misma dirección: la conexión social, la calidad de las relaciones y la amistad entre diversas generaciones contribuyen a una vida que valga la pena y a un envejecimiento saludable y feliz.

Partiendo de esta concepción sobre la vejez, McGarey conduce al lector a una pregunta central: ¿qué mantiene viva la fuerza vital de una persona?

Recuperar la fuerza vital

El concepto más evocador del libro es la fuerza vital. McGarey utiliza este término para referirse a la alegría, el propósito, la creatividad y la sensación de realizar algo significativo. Esta fuente de energía surge cuando las capacidades únicas de una persona se encuentran con las necesidades del mundo.

La autora relata el momento en que descubrió su propia fuerza vital. Nacida en 1920 y criada en la India por padres médicos, Gladys enfrentó dificultades escolares debido a su dislexia. En una clínica móvil, ayudó a su madre a tratar la pata infectada de un elefante. Al sacar el recipiente de antiséptico de la tienda, la joven se sintió útil y parte de algo más grande que sus fracasos escolares. Fue entonces cuando supo que quería ser médica, marcando el inicio de una vida que valga la pena.

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Above Una imagen ilustrativa del compromiso con la salud y una vida que valga la pena.

Esta historia ocupa solo unas páginas, como un corte de memoria, para luego expandirse hacia una reflexión sobre el propósito de existir. McGarey permite que el lector recorra escenas de vida, casos clínicos y consultas para observar el cambio antes de nombrar lo que acaba de suceder.

Gracias a este estilo, el libro se sitúa entre las memorias y el ensayo filosófico. Cada sección consta de capítulos cortos que alternan la vida de la autora con historias de pacientes. Al final, se incluye un ejercicio sencillo: caminar, escribir, visualizar, atender al cuerpo o poner la mano sobre el corazón. La estructura guía al lector con claridad, mientras el tono se mantiene suave y a menudo con un toque de humor.

Una paciente llamada Lilian, con una familia estable, una posición cómoda y una vida material completa, sentía que no tenía motivos para seguir adelante. Tras fracturarse la cadera y ser hospitalizada, comenzó a dirigir un evento de recaudación de fondos desde la cama del hospital. La sensación de que aún podía contribuir ayudó a Lilian a reconectarse con el sentido de una vida que valga la pena.

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Above El bienestar y la vitalidad son claves fundamentales para alcanzar una vida que valga la pena.

A través de casos como este, McGarey amplía la definición de salud. Hay personas que no tienen un diagnóstico grave pero han agotado su vitalidad, mientras que otras viven con enfermedades crónicas o limitaciones físicas y, sin embargo, mantienen lazos profundos con su familia, su trabajo y el mundo. La salud, en su entendimiento, está ligada a la capacidad de participar y al sentimiento de pertenencia a un todo mayor. Por ello, la vitalidad requiere identificar qué nos nutre, qué nos agota y qué es lo que hace que una vida valga la pena perseguir.

McGarey estudió medicina durante la Segunda Guerra Mundial y enfrentó críticas por defender el amor y la sanación en una medicina centrada solo en eliminar enfermedades. En 1978, se convirtió en la única mujer fundadora de la Asociación Americana de Medicina Holística, siendo pionera en nutrición, acupuntura y colaboración médico-paciente. Su vida atravesó un siglo de cambios médicos, pasando de ser una mujer considerada fuera de norma a ser llamada la “Madre de la medicina holística”.

El valor de este libro reside en cómo traslada la pregunta de cuántos años existen a cuánto grado de presencia se logra en cada año. Encontrar vitalidad, mantenerse en movimiento, cuidar los vínculos y elegir dónde depositar la energía se reúnen en la visión de una vejez que aún tiene la capacidad de desarrollarse como una vida que valga la pena.

A sus 102 años, Gladys McGarey no considera que su historia esté terminada. Aún cree que hay hermosos momentos por delante. Tal vez ese sea el significado más profundo de “envejecer con salud”: tener siempre algo que amar, algo que hacer y un futuro al cual dirigirse para garantizar una vida que valga la pena.

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Lang Minh
Editor sénior, Tatler Vietnam
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