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Cover La sobrecarga sensorial ocurre cuando el sistema nervioso recibe más información de la que puede procesar (Foto: Getty Images)
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Alguien que guarda silencio, se muestra cortante o se retira de una reunión suele ser tildado de aburrido o antipático. Como sexóloga con experiencia propia en neurodivergencia, explico por qué el cuerpo de una persona con “sensory overload” o sobrecarga sensorial puede actuar de formas que parecen rechazo.

Imagine que está en una cita en un restaurante nuevo y animado. El ambiente rebosa energía con conversaciones que se solapan, el tintineo de copas y luces intensas. De repente, su acompañante se vuelve inusualmente callado, evita el contacto visual, responde con monosílabos y se marcha abruptamente a tomar aire.

Para un observador externo, este comportamiento puede malinterpretarse fácilmente como descortesía, retraimiento emocional o un rechazo personal. Sin embargo, desde una perspectiva neurodivergente, estas acciones rara vez se deben a una insatisfacción en la relación. Más bien, pueden ser respuestas protectoras ante una sobrecarga sensorial.

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La realidad personal: de Soho House a TEDx

Antes de ser diagnosticada con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), pasé un año organizando eventos para Soho House. La atención al detalle era fundamental: iluminación tenue, velas y música suave. Sin saberlo en aquel momento, estaba creando un entorno sensorial y psicológicamente seguro para proteger mi propio sistema nervioso y brindar un espacio tranquilo para los demás.

Incluso hoy, con una mayor consciencia de mi neurotipo, navegar por entornos sensoriales intensos sigue siendo un ejercicio de equilibrio. Recientemente asistí a un evento TEDx. Aunque fue motivador reconectar con personas increíbles tras tomarme un tiempo durante el posparto, la magnitud de invitados y el eco del ruido comenzaron a disparar mi sobrecarga sensorial. Respeto que los organizadores proporcionaran una sala de descanso, pero al final del día seguía mentalmente agotada.

Cuando ignoramos las señales de nuestra sobrecarga sensorial, ese agotamiento nos acompaña al llegar a casa y se filtra en nuestras relaciones personales.

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La neurociencia: regulación del sistema nervioso y desregulación emocional

La sobrecarga sensorial ocurre cuando el cerebro recibe más información del entorno (sonidos, luces y texturas) de la que nuestras funciones ejecutivas pueden procesar. Las personas autistas suelen mostrar una respuesta variada a la sobrecarga sensorial, que los investigadores describen como un umbral neurológico bajo o alto. Un umbral bajo está vinculado a la hipersensibilidad, donde estímulos cotidianos como luces fuertes y sonidos altos pueden resultar abrumadores. Un umbral alto está relacionado con la hiposensibilidad, donde la persona busca activamente experiencias sensoriales más intensas para regularse.

El TDAH también influye en la sobrecarga sensorial. La investigación asocia los rasgos del TDAH con una sensibilidad elevada ante estímulos visuales y auditivos, dificultando filtrar el ruido ambiental. Dado que entre el 50 y el 70 por ciento de los individuos autistas pueden cumplir con criterios de TDAH, estos perfiles neurodivergentes pueden influir mutuamente en la sobrecarga sensorial.

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Above Cada persona maneja la sobrecarga sensorial de forma distinta según su umbral neurológico (Foto: Getty Images)
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Cuando se supera la capacidad de procesamiento, la sobrecarga sensorial desencadena una desregulación emocional. La Teoría Polivagal de Stephen Porges ofrece una forma de explicar estas reacciones. Al detectar una sobrecarga sensorial, el sistema nervioso abandona el “sistema de compromiso social” y cae en un estado de protección de lucha, huida o congelación. En la dinámica romántica cotidiana, este cambio fisiológico puede manifestarse como:

  • La respuesta de “lucha”: irritabilidad externa, tonos cortantes, baja tolerancia a la frustración o impaciencia repentina.
  • La respuesta de “huida o congelación”: desconexión emocional, respuestas breves o una urgencia por retirarse y aislarse.

Si bien cada persona neurodivergente vive la sobrecarga sensorial de forma diferente, es crucial ver estas respuestas como procesos neurobiológicos y no como decisiones personales. Esta perspectiva es vital al analizar cómo la sobrecarga sensorial puede afectar la intimidad física.

Cómo impacta la sobrecarga sensorial en la intimidad

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Above Las relaciones románticas pueden suponer una sobrecarga sensorial para quienes tienen un umbral bajo ante estímulos físicos (Foto: Getty Images)
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La sobrecarga sensorial no se limita a eventos sociales; puede impactar significativamente la intimidad romántica. La cercanía física requiere una alta dosis de estímulos, incluyendo contacto, contacto visual, cambios de temperatura y sonidos. Al identificar las preferencias ante la sobrecarga sensorial, las parejas pueden crear conjuntamente un entorno seguro para demostrar afecto, asegurando que la intimidad sea auténtica y placentera, en lugar de algo performativo.

Reformular la tensión: del conflicto a la corregulación

Establecer chequeos emocionales crea un espacio seguro para identificar y comunicar los factores de sobrecarga sensorial antes de que conduzcan a la incomodidad. Cuando aprendemos a distinguir entre el rechazo personal y la sobrecarga sensorial, la dinámica de la pareja puede transformarse por completo.

Para guiar sus chequeos emocionales, aquí hay tres guiones prácticos diseñados para fomentar el entendimiento mutuo:

  • Para la pareja neurodivergente (al comunicar necesidades): “Cuando sufro sobrecarga sensorial, necesito espacio para regularme. No es un reflejo de lo que siento por ti. ¿Qué señal podemos acordar para que pueda retirarme antes de llegar a mi límite?”
  • Para la pareja no neurodivergente (al ofrecer apoyo): “Quiero apoyarte cuando estés abrumado por la sobrecarga sensorial. ¿Prefieres que prepare un ambiente tranquilo o que te dé espacio sin interrupciones para recalibrarte?”
  • Para ambos (para crear un espacio seguro): “¿Cómo podemos diseñar nuestros espacios y rutinas para que respeten tu sobrecarga sensorial y, al mismo tiempo, nos mantengamos conectados?”

La sobrecarga sensorial es una realidad fisiológica, no una elección. Dado que nuestros umbrales de sobrecarga sensorial evolucionan, hacer espacio para chequeos regulares permite a las parejas adaptarse juntas, fomentando la seguridad necesaria para una intimidad auténtica.


Mary Foxworth es la fundadora del Foxworth Institute, que ofrece educación basada en la investigación sobre la conexión humana. Sexóloga certificada y experta multidisciplinar, combina su experiencia con la neurodivergencia para diseñar recursos que empoderan y conectan a las personas.

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