El investigador de las “blue zones” Dan Buettner dedicó dos décadas a estudiar las poblaciones más longevas del mundo, concluyendo que no existe una única razón que explique su longevidad.
Las “blue zones” surgieron como una búsqueda de los lugares donde las personas envejecen de forma más saludable, convirtiéndose en uno de los enfoques más influyentes sobre la longevidad. El término “Blue Zone” fue acuñado a principios de los años 2000 por el demógrafo belga Michel Poulain y el médico italiano Gianni Pes, quienes estudiaban la longevidad extrema en la región de Ogliastra, en Cerdeña.
Sin embargo, fue Dan Buettner, con el apoyo de National Geographic y el National Institute on Ageing, quien transformó esa observación en un proyecto de investigación de dos décadas y popularizó el concepto. Identificó cinco regiones donde la población vive significativamente más y con mejor salud que en cualquier otro lugar: Okinawa en Japón, Cerdeña en Italia, Nicoya en Costa Rica, Icaria en Grecia y Loma Linda en California.
En una entrevista con Tatler, Buettner analiza los factores de nuestro entorno cotidiano que determinan cuánto y cómo vivimos. El modelo de las “blue zones” demuestra que la calidad de vida es esencial.
Sin fórmulas mágicas para la longevidad en las “blue zones”
El hallazgo más sorprendente, explica Buettner, fue comprender que la longevidad no es el resultado de un avance único o una intervención milagrosa. Estas regiones no hacían nada extraordinario. Lo que encontró es lo que él denomina un enfoque de “perdigones” en lugar de una “bala de plata”. Los centenarios que estudió no intentaban llegar a los 100 años; para la mayoría, nunca fue un objetivo.
Simplemente vivían en lugares que “hacían que la opción saludable fuera la más sencilla”: ciudades caminables, culturas alimentarias centradas en plantas, redes sociales sólidas y un propósito claro cada mañana. Estas condiciones, características de las “blue zones”, favorecen una mejor salud a largo plazo.
El entorno sobre el esfuerzo
Above Okinawa alberga a algunas de las mujeres más longevas. Hay cerca de 400 centenarios en la región de las “blue zones” (Foto: David McLain)
Su ventaja, afirma Buettner, no fue la fuerza de voluntad, sino la arquitectura: la estructura de su entorno cotidiano. Se movían constantemente porque sus pueblos lo exigían y sus rutinas lo hacían natural. Sus comidas se centraban en alimentos vegetales integrales como legumbres, cereales, verduras y frutos secos. El apoyo social integrado reforzaba su sentido de pertenencia.
La medicina moderna es extraordinaria pero reactiva; trata la enfermedad una vez que aparece. Las “blue zones”, en cambio, demuestran la eficacia de la prevención por diseño.
El poder del propósito
Si un principio de las “blue zones” destaca, es el propósito. En Okinawa se llama ikigai, la razón para levantarse cada mañana. En Nicoya, es el plan de vida. La investigación sugiere que un sentido de propósito sólido se asocia con una mayor esperanza de vida. Quienes se sienten necesitados y comprometidos en sus comunidades suelen mantenerse activos física y mentalmente durante mucho más tiempo, explica Buettner.
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Comer bien y comer acompañado en las “blue zones”
En la alimentación de las “blue zones”, la filosofía subyacente es la simplicidad y la constancia, más que la perfección. Las comidas se componen de alimentos naturales integrales y las porciones son moderadas.
En Okinawa existe la expresión hara hachi bu, que recuerda a las personas dejar de comer cuando están al ochenta por ciento de su capacidad. Las comidas se disfrutan lentamente y en compañía, lo que facilita una digestión pausada. La comunidad es parte esencial del ritmo diario, haciendo que el estilo de alimentación sea sostenible sin depender de una disciplina férrea.
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El ejercicio que apenas se percibe

Above En Icaria, Grecia, la actividad física es una parte integral de la rutina diaria en estas “blue zones” (Foto: David McLain)
Buettner ha señalado a menudo que el ejercicio más saludable es aquel que no se percibe como tal. Ninguna de las poblaciones de las “blue zones” sigue programas de fitness estructurados; ellos jardinean, caminan para ver a sus vecinos y cocinan desde cero. Su entorno no permite una vida sedentaria. “Ese movimiento constante y de baja intensidad mantiene el cuerpo activo sin el desgaste o el agotamiento que puede provocar un ejercicio más intenso”, afirma.
Sobre el biohacking y la industria antienvejecimiento
Al preguntarle sobre la industria antienvejecimiento actual, Buettner es cauto. Reconoce que ciertas tecnologías podrían ser valiosas, pero las personas que viven más tiempo no utilizan ninguna de ellas. Su longevidad se basa en fundamentos probados por generaciones: moverse naturalmente, comer plantas, mantener relaciones y estar conectado a la comunidad de las “blue zones”. “Antes de perseguir soluciones complejas, vale la pena revisar los principios básicos bien comprendidos”, subraya.
Su crítica a la cultura del bienestar es que la vida moderna ha complicado la salud innecesariamente. En las “blue zones”, la salud es un subproducto de la estructura de la vida.
Singapur: una “blue zone” 2.0

Above Singapur fue nombrada la primera “blue zone” 2.0 del mundo en 2023, un modelo diseñado para la longevidad (Foto: Getty Images)
En su libro de 2023, The Blue Zones: Secrets for Living Longer, Buettner nombra a Singapur la sexta “blue zone” del mundo y la primera diseñada deliberadamente. La esperanza de vida en la isla ha aumentado cerca de veinte años desde 1960.
A diferencia de las cinco zonas originales, el modelo de longevidad de Singapur se moldea mediante políticas urbanas y salud preventiva. Con impuestos altos a la propiedad de vehículos, vecindarios transitables y subsidios de vivienda que mantienen a los padres cerca de sus hijos, el estado-nación construyó condiciones similares a las de otras “blue zones”.
La única diferencia es la atención médica; mientras que ninguna de las “blue zones” originales dependió de un sistema médico formal para su longevidad, el sistema preventivo de Singapur es clave en su éxito.
¿Vivir más años o vivir mejor?
Para Buettner, la longevidad solo tiene sentido si esos años extra son saludables y plenos. Esto significa más años libres de enfermedades crónicas y discapacidades. Los centenarios que conoció seguían cuidando sus jardines, siendo voluntarios y cocinando para sus familias. Esa combinación de salud, propósito y conexión es el verdadero fin de una vida larga en las “blue zones”.
Longevidad a cualquier edad
Above Un sentido fuerte de pertenencia es un tema recurrente en todas las “blue zones” estudiadas (Foto: David McLain)
Para quienes viven en entornos urbanos de alta presión, el consejo de Buettner es comenzar por el entorno personal: camine a lugares cercanos en lugar de conducir, mantenga comida saludable a la vista en la cocina y organice cenas con amigos o grupos de caminata. Los pequeños cambios ambientales en estas “blue zones” importan más de lo que creemos.
Para quienes empiezan a pensar en su longevidad a los 30 o 40 años, Buettner es claro: nunca es tarde. La longevidad es acumulativa y el cuerpo responde rápidamente a una mayor actividad física, consumo de plantas y conexiones sociales sólidas.
Cambios de estilo de vida
Al preguntar por qué priorizar con capacidad de cambio limitada, Buettner señala tres ajustes. Primero, integre el movimiento en su entorno cotidiano, no solo en su calendario. Camine siempre que pueda.
Segundo, oriente su plato hacia las plantas, siguiendo la dieta de las “blue zones”: legumbres, cereales integrales, vegetales y frutas. La carne debe ser una excepción en porciones pequeñas.
Tercero, invierta en círculos sociales; rodéese de personas que refuercen comportamientos saludables. La influencia social moldea desde la dieta hasta los niveles de actividad. Al aplicar estos principios de las “blue zones” en su propia vida, usted también puede fomentar un envejecimiento saludable.




