Nada puede detener a Roberto Bolle. A sus 50 años, la estrella del ballet tiene una clara misión: conectar al mundo a través del arte.
“Nunca había bailado ballet con un vestuario tan ‘modesto’”, comparte la superestrella del ballet italiano Roberto Bolle con una risa tímida pero contagiosa. Se refiere al ceñido leotardo de color carne que viste en la obra “Caravaggio”, del coreógrafo Mauro Bigonzetti, una pieza inspirada en la vida y el arte revolucionario del genial pintor Michelangelo Merisi da Caravaggio.
Este audaz diseño tiene un propósito claro. Caravaggio es célebre por la técnica del claroscuro, el fuerte contraste entre luces y sombras para crear el estilo tenebrista, del cual es considerado pionero. Esta técnica infunde una emoción intensa a sus pinturas sobre figuras divinas y relatos bíblicos.

Above El aclamado bailarín Roberto Bolle en una pose magistral sobre el escenario.
Bigonzetti recreó ese legado mediante una iluminación dramática, movimientos enérgicos y un vestuario minimalista, centrando así toda la atención en el cuerpo del bailarín. “Se puede apreciar cada fibra muscular y los contornos de la figura, lo cual es verdaderamente hermoso”, afirma Bolle.
Al igual que el pintor homónimo, el ballet “Caravaggio” —estrenado en Alemania en 2008— es una de las creaciones más innovadoras de la danza contemporánea. La obra desdibuja los límites entre el baile y las artes visuales, ofreciendo una perspectiva fresca sobre la narrativa y la expresión artística.
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No espere una biografía lineal de Caravaggio; la representación se sumerge en la mente del pintor y en sus momentos de revelación. Los bailarines llevan al escenario la luz, la oscuridad y la belleza, elementos esenciales en la obra del artista. “No es un ballet estrictamente narrativo, pero tampoco es abstracto. Se encuentra en un punto intermedio”, señala Bolle.

Above La iluminación dramática resalta la magnífica técnica del elenco de bailarines.
“Se percibe la esencia de aquella época a través de los campesinos, las danzas y la atmósfera. Vivimos inmersos en el mundo y el tiempo de Caravaggio”. Asimismo, destaca que la coreografía es poderosa y vanguardista: “Es completamente distinta a cualquier otro ballet que haya presenciado”.
Al ver por primera vez el DVD del estreno, Roberto Bolle quedó cautivado de inmediato. En 2023, protagonizó la obra junto al Ballet del Teatro Colón en Argentina; el año pasado, llevó el espectáculo a su Italia natal, con presentaciones en Florencia, Milán, Turín y Génova. El próximo mes, retomará este icónico papel cuando “Caravaggio” se presente por primera vez en Asia, como parte del Festival de las Artes de Hong Kong.

Above El vestuario minimalista y el claroscuro caracterizan esta excepcional producción contemporánea.
Interpretar “Caravaggio” representa un círculo predestinado en su carrera. Comenzó a estudiar ballet en su Piamonte natal a los siete años, antes de ingresar a la prestigiosa escuela del Teatro alla Scala en Milán a los doce. Esta formación temprana le otorgó una técnica magistral, pero fue Caravaggio, su pintor favorito, quien encendió su pasión por el dramatismo teatral. Roberto Bolle recuerda la primera vez que contempló las obras maestras del siglo XVI en la iglesia de San Luis de los Franceses en Roma: “Quedé absolutamente fascinado y sobrecogido. Esas pinturas no son planas; la manera en que dispone a los personajes y captura la luz crea una profundidad inconcebible. Un genio como él será eterno, pues transformó la historia del arte y sigue inspirando a artistas como yo”.
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“Caravaggio” exalta tanto al bailarín como al pintor. Bolle, célebre por un físico que rivaliza con el David de Miguel Ángel, cumplirá 51 años el mes próximo, una edad verdaderamente asombrosa en una industria donde los bailarines suelen alcanzar su cúspide antes de los treinta y retirarse antes de los cuarenta. Su envidiable condición es fruto de la disciplina y la perseverancia: entrena a diario, incluso cuando no tiene funciones, y evita los alimentos ultraprocesados, salvo cuando se permite un capricho ocasional con chocolate negro o helado.
“Esta profesión exige innumerables sacrificios, sobre todo cuando se llega a cierta etapa de la vida. No todo el mundo está dispuesto a asumirlos”, confiesa. “Para mí, la danza ofrece la maravillosa oportunidad de crear algo exquisito y extraordinario aun a esta edad; de recorrer el mundo y vivir del arte que amo. Es el mayor regalo que la vida me ha concedido”.

Above La profunda expresividad corporal es clave en las obras de este destacado artista italiano.
Un genio como Caravaggio será eterno, pues transformó la historia del arte y sigue inspirando a artistas como yo.
Sin embargo, este rol exige mucho más que una dieta estricta o un entrenamiento incesante. A diferencia de los grands jetés o las piruetas fouettés característicos de ballets románticos como “El lago de los cisnes” o “La bella durmiente” —obras que Bolle ha interpretado innumerables veces—, “Caravaggio” profundiza en la revelación, el tormento y la catarsis del pintor a través de coreografías experimentales. Estos movimientos reflejan el caos interno de un artista cuya vida estuvo marcada por pasiones indomables y violentos conflictos. Los bailarines entrelazan y contorsionan sus cuerpos con frecuencia, en lo que él describe como intrecciato (que en italiano significa “trenzado”).
Parte de su preparación incluyó visitar una magna exposición sobre Caravaggio en el Palazzo Barberini de Roma el verano pasado, con el fin de comprender mejor el contexto histórico y cultural. Pero lo más trascendental es la inmersión emocional absoluta en el personaje, una profundidad que, según Roberto Bolle, solo se alcanza gracias a la madurez y la experiencia.

Above El bailarín italiano entrelaza la técnica clásica con una inmensa profundidad emocional.
“Siento que ahora, a esta edad, poseo la madurez y el calado emocional necesarios para encarnar una personalidad tan arrolladora”, reflexiona. “A diferencia de los príncipes de los cuentos de hadas, que a menudo carecen de matices, este papel es una profunda inmersión en el dolor y la psique de un ser humano. Lo fascinante de madurar es poder aportar múltiples capas al personaje, nutriéndote de tus propias vivencias y de la experiencia adquirida sobre las tablas a lo largo de los años”.
A pesar de haber superado con creces la edad promedio de una étoile, no tiene planes concretos para retirarse. “Al cumplir los cuarenta pensé que me detendría, pero aquí seguimos. Ya he dejado de contar los días que me restan sobre el escenario”, comenta entre risas. “Aun así, cada vez que actúo hoy en día, en el fondo me pregunto si será la última vez que interprete ese rol. Pero no albergo arrepentimientos, ya que muchos papeles centrados puramente en la destreza técnica son más adecuados para bailarines en la treintena. En la segunda mitad de tu trayectoria, buscas proyectos que te inspiren y que te permitan regalar al público una emoción totalmente distinta”.

Above La elegancia y disciplina de Roberto Bolle han redefinido los límites de la longevidad en el ballet.
Ha encontrado la manera de lograrlo, tanto frente al público como fuera de los focos. En 2023, fundó la Fundación Roberto Bolle para apoyar a jóvenes talentos y fomentar la educación artística en las escuelas de Italia. “No es imprescindible que todos los alumnos se conviertan en profesionales de la danza”, señala, “pero el ballet les inculca disciplina y les enseña a superar sus propios límites para alcanzar sus metas, ya sea en la música o en cualquier otra vocación”.
El propósito de sus próximas presentaciones en Hong Kong trasciende la mera expresión artística; aspira a fortalecer el intercambio cultural entre continentes. “‘Caravaggio’ entrelaza el pasado con el presente. Del mismo modo, la danza tiende puentes entre culturas: Italia simboliza la magnificencia de la herencia y la tradición, mientras que Asia avanza hacia el futuro impulsada por una energía innovadora. Cada vez que visito una metrópoli en China, me maravilla su vertiginoso desarrollo”, relata. “Este diálogo entre Oriente y Occidente resulta sumamente cautivador, y tener la oportunidad de actuar como catalizador de ello encierra un profundo significado para mí”.

Above Más allá de su carrera artística, su fundación promueve la educación cultural entre las nuevas generaciones.
Independientemente de lo que depare el próximo capítulo de su vida, su principal propósito no radica únicamente en la ejecución física sobre las tablas, sino en conmover profundamente a su audiencia, en especial a la juventud. “Amo ambas facetas de mi trayectoria: las ovaciones en el teatro y los proyectos educativos en la vida cotidiana. Anhelo ser una fuente de inspiración y un referente digno para las generaciones venideras, de modo que puedan mirarme y decir: ‘Deseo ser como él, quiero recorrer su mismo camino’. Esa es, sin lugar a dudas, mi más grande recompensa”.
Artículo traducido del texto original de Zabrina Lo.
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