Cover Una vibrante escena de la vida urbana capturada magistralmente por el fotógrafo Tran Viet Duc.

Durante más de treinta años como fotorreportero, el fotógrafo Tran Viet Duc ha mantenido un enfoque coherente: documentar la vida cotidiana y los antiguos espacios urbanos que poco a poco desaparecen. Sin puestas en escena ni intervenciones, su práctica se centra en la observación, la distancia ética y la autenticidad de la imagen. Este método de trabajo plantea preguntas fundamentales sobre la verdadera esencia de “mirar” y “registrar”.

Tran Viet Duc, reconocido fotógrafo y ex fotorreportero de la publicación Saigon Tiep Thi, ha mantenido una trayectoria constante documentando la vida urbana, desde sus series de fotografía callejera hasta su aclamado fotolibro “Comida callejera en Saigón”. Demostró una mentalidad abierta hacia las nuevas tecnologías al ser la primera persona en Vietnam en exhibir una colección de imágenes tomadas exclusivamente con un teléfono móvil (la exposición “Vietnam a través de la lente de un teléfono con cámara” en 2013). En esta reveladora conversación, Tran Viet Duc comparte su perspectiva sobre el lugar que ocupa un fotógrafo en la actual era de la inteligencia artificial.

El fotógrafo debe saber cuándo detenerse

¿Cómo inició su camino en el mundo de la fotografía?

Llegué a la fotografía por la necesidad imperiosa de registrar la realidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, me di cuenta de que cada instante de la vida posee un inmenso valor documental. Por ello, capturar una imagen dejó de ser un simple reflejo personal para convertirse en una práctica sumamente consciente, íntimamente ligada a la preservación de aquello que corre el riesgo de desaparecer para siempre.

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Sus imágenes transmiten una gran cercanía, pero sin invadir a los sujetos retratados. ¿Cómo logra este equilibrio?

Considero que el secreto reside en establecer una distancia ética. Quien empuña la cámara debe ser plenamente consciente de su propia presencia y limitar cualquier intervención en el curso natural de los acontecimientos. Al no imponer nuestra propia voluntad sobre el sujeto, la imagen logra conservar esa sensación de intimidad al tiempo que respeta escrupulosamente el espacio privado.

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Above El talentoso fotógrafo Tran Viet Duc en su estudio.

¿Cómo logra controlar su “presencia” en entornos tan caóticos como los que enfrenta en la fotografía callejera?

La respuesta es la quietud; es un estado interior que requiere entrenamiento y disciplina. He aprendido a observar durante más tiempo, a moverme mucho menos y a mantener un ritmo de trabajo sosegado. Cuando uno no se deja arrastrar por la frenética velocidad del entorno, es capaz de percibir las estructuras más profundas que subyacen en la vida cotidiana.

Al fotografiar situaciones verdaderamente adversas, ¿cómo evita caer en la tentación de “embellecerlas”?

Se trata de una cuestión estrictamente metodológica. Mi principio es no recurrir a trucos ni efectos visuales para suavizar o embellecer las circunstancias. Otorgar prioridad absoluta a la autenticidad es lo que permite que la imagen conserve todo su peso documental, evitando que se convierta en un mero producto de consumo visual.

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Above Una calle bulliciosa de la ciudad capturada magistralmente a través del objetivo.

Cuando la verdad y la emoción entran en conflicto, ¿por cuál se decanta?

En el ámbito del fotoperiodismo, la verdad constituye el principio fundamental e inquebrantable. Toda emoción debe edificarse sobre esa base sólida; bajo ninguna circunstancia puede sustituirla o distorsionarla.

A lo largo de sus muchos años de carrera, ¿alguna vez ha encontrado el encuadre perfecto y, sin embargo, ha decidido no pulsar el disparador?

Por supuesto. Y esos instantes precisos, a mi juicio, revisten la misma importancia que las fotografías que sí han llegado a materializarse. En el momento en que me percato de que mi sola presencia podría vulnerar al sujeto o profanar su esfera privada, opto deliberadamente por bajar la cámara. El verdadero oficio de un fotógrafo no radica únicamente en registrarlo todo, sino en poseer la sabiduría para saber cuándo detenerse.

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Above Un momento genuino de la vida cotidiana reflejado con profunda sensibilidad humana.

Entonces, ¿la fotografía representa una verdad absoluta o una interpretación personal?

Constituye un estado dual fascinante. La máquina registra la escena, pero es el ser humano quien toma las decisiones. Por consiguiente, la honestidad no reside únicamente en la imagen resultante, sino en la perspectiva y la integridad moral de quien la ejecuta.

Bajo su perspectiva, ¿cuáles son los atributos que definen a un fotógrafo profesional?

En mi opinión, la profesionalidad no se puede calibrar a través del análisis de una única fotografía aislada, sino por la habilidad de forjar un sistema de valores coherente y sostenerlo a lo largo del tiempo. Esa consistencia, tanto en el enfoque como en la selección de las temáticas, es precisamente lo que distingue a alguien que simplemente toma buenas fotos de alguien que ejerce la fotografía a nivel profesional.

Ante el vertiginoso desarrollo de la tecnología, ¿dónde considera que reside ahora el papel del fotógrafo?

Para mí, el núcleo inalterable sigue siendo la capacidad de percepción visual. Las máquinas pueden perfeccionar y optimizar la técnica hasta límites insospechados, pero la selección del instante decisivo, del sujeto principal y del ángulo de visión continúa siendo una prerrogativa íntima y personal. Esa es la esencia que ninguna automatización logrará replicar jamás.

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Above Escenas urbanas melancólicas que capturan maravillosamente la esencia del patrimonio en peligro.

¿Ha alterado el impacto de las plataformas digitales su metodología de trabajo?

Si bien es cierto que la velocidad actual de consumo de imágenes es abrumadora, esto no ha modificado en absoluto mi método. Muy al contrario, ha reafirmado la imperiosa necesidad de trabajar con mesura, de observar con suma profundidad y de componer imágenes que atesoren un valor perdurable. Bajo mi criterio, una fotografía únicamente alcanza su verdadero valor cuando alberga la información y el contexto suficientes, algo que solo se logra invirtiendo tiempo y cultivando un vínculo genuino con el tema tratado. Semejantes obras no dependen de un impacto efímero ni de un efecto pasajero.

¿Cómo definiría ese “vínculo genuino con el tema” en el contexto de la fotografía de calle?

A mi entender, este vínculo no consiste meramente en frecuentar de manera repetitiva un mismo enclave, sino en desarrollar la destreza necesaria para identificar las sutiles y constantes transformaciones que experimenta dicho espacio. Implica, además, una forma particular de empatía que no surge de manera instantánea, sino que se cristaliza a través de numerosos encuentros. Expresado de otro modo, es forjar un lazo inquebrantable tanto con el entorno físico como con las almas que lo habitan.

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Above El implacable transcurso del tiempo plasmado en las estructuras arquitectónicas de la ciudad.

Entonces, al evocar aquellos lugares que han sucumbido al paso del tiempo, ¿qué cree que nos regala la fotografía?

No abrigo la ilusión de que la fotografía posea el poder de “redimir” o detener el tiempo, pero sí desempeña el papel de testigo irrefutable. Nos brinda la oportunidad de ser plenamente conscientes de aquello que alguna vez floreció y que ahora se ha desvanecido. Es probable que este ejercicio despierte una profunda nostalgia, pero simultáneamente erige los cimientos de nuestra memoria colectiva.

La verdad como fundamento insustituible

¿Qué opinión le merece la irrupción de la inteligencia artificial?

La IA suscita legítimos interrogantes en torno a la autenticidad de las imágenes que consumimos, pero al mismo tiempo ensalza y magnifica el valor intrínseco de contar con un fotógrafo físicamente presente en el lugar de los hechos. Sostengo firmemente que la vivencia directa y el profundo sentido de responsabilidad hacia la realidad son los mayores baluartes de un fotógrafo profesional, constituyendo factores que ninguna proeza tecnológica podrá jamás emular.

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Siendo la IA capaz de concebir imágenes “falsas” extraordinariamente persuasivas, ¿teme que llegue el día en que la fotografía quede relegada a la obsolescencia?

De ningún modo. La inteligencia artificial está plenamente capacitada para generar imágenes visualmente asombrosas, pero jamás poseerá la facultad de sustituir la función testimonial e histórica de la fotografía. En el riguroso ámbito periodístico o documental, una fotografía auténtica se encuentra invariablemente anclada a un suceso verídico y a un instante irrepetible. Su incalculable valor emana precisamente de esa conexión ineludible, y no meramente de su fascinante superficie visual.

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Above Un retrato impecable de un instante irrepetible capturado con exquisita destreza por el lente profesional.

Cuando el público manifiesta escepticismo ante la veracidad de la obra de un fotógrafo, ¿qué medidas considera pertinentes para salvaguardar la verdad?

Poseo la firme convicción de que la integridad moral y la credibilidad del profesional detrás de la cámara constituyen la coraza más impenetrable para defender la verdad. El espectador más avezado no se limita a contemplar la fotografía; escudriña también a la persona que la ha concebido. Para cimentar una reputación sólida, existen dos pilares que resultan absolutamente innegociables: una metodología de trabajo diáfana y una intachable coherencia a lo largo de toda su práctica profesional. Estos son, precisamente, los principios a los que me he aferrado desde el primer día que emprendí este oficio.

¿Alberga inquietud ante la posibilidad de que su propio archivo fotográfico sea objeto de sospecha en el futuro?

Ciertamente, es una eventualidad que no se puede descartar. No obstante, estimo que la valía de un vasto archivo no descansa exclusivamente en cada placa individual, sino en la abrumadora fuerza de su conjunto, en su innegable continuidad, en el rico contexto que lo envuelve y en la posibilidad de verificación cruzada. Sustituir o falsificar de manera integral semejante amalgama de factores resulta una empresa prácticamente imposible.

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Above El artista visual inmerso en su fascinante y natural entorno de trabajo creativo.
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Above Retrato en blanco y negro del destacado fotógrafo Tran Viet Duc.
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Above La paciencia infinita y la observación meticulosa son herramientas absolutamente vitales en la fotografía documental.

Ante el ritmo vertiginoso al que avanza la IA en la actualidad, ¿de qué manera cree que un fotógrafo puede seguir forjando una carrera próspera?

Nos hallamos, sin duda alguna, ante un desafío monumental. Considero que, en la actualidad, un fotógrafo ya no compite en el terreno del equipamiento técnico o de la mera destreza, sino en el inestimable valor conceptual y humano que su imagen es capaz de aportar. Disciplinas como el fotoperiodismo riguroso, el género documental y los ambiciosos proyectos a largo plazo continuarán exigiendo la destreza y sensibilidad de un profesional genuino, dado que la IA resulta completamente inoperante a la hora de interpretar acontecimientos con alma. Ello exige, naturalmente, que el profesional defina con nitidez meridiana su rol y sus fortalezas: un pensamiento auténticamente independiente, un profundo sentido de la ética visual y una inquebrantable perseverancia metodológica. Estos son, a mi juicio, los cimientos primordiales que evitarán que el noble arte de la fotografía se desvanezca en la intrascendencia.

Si tuviera la oportunidad de transmitir un único mensaje a la emergente generación de fotógrafos, ¿cuál sería?

Les diría que lo más trascendental es preservar estoicamente la facultad de “mirar” con absoluta independencia. La IA podrá concebir imágenes sintéticas de sobrecogedora belleza, pero adolecerán irremediablemente de humanidad. Las herramientas podrán mutar, pero la manera en que el espíritu humano se conmueve ante los misterios de la vida y rinde tributo a la belleza permanecerán inalterables, ajenas al yugo de cualquier imposición tecnológica. Mientras se custodie ese sagrado principio, quienes se dediquen a este apasionante oficio disfrutarán de un horizonte infinito para desentrañar los secretos del mundo, descubrir su propia esencia y atesorar esas invaluables memorias verdaderamente “sin IA”.

¡Le agradecemos profundamente esta enriquecedora e inspiradora conversación!

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