El fundador de Clase Azul, Arturo Lomeli, habla sobre el tequila, su incursión en la hospitalidad y su misión de llevar el arte y la calidez de México a todo aquel dispuesto a escuchar
Una botella de tequila Clase Azul se reconoce casi al instante: una vasija de cerámica curva en tonos azul y blanco, coronada con una campana que aporta un toque extra de elegancia festiva. Su singular forma proviene de una inesperada fuente de inspiración.
Arturo Lomeli, por entonces un aspirante a productor de tequila, estaba a punto de lanzar su propia marca, pero necesitaba el diseño perfecto para la botella. “Quería hacer algo único. Pensé en crear algo que pudiéramos reutilizar una vez que se terminara el tequila”, relata a Tatler el propio Lomeli, quien fundó Clase Azul en 1997. “Estaba sentado en un bar y vi la pata de una mesa gótica. Dije: ‘Eso podría ser un candelabro o un florero’”.
Lomeli le pidió a su hermana, que en aquel momento era diseñadora, que creara una réplica en madera, la cual llevó posteriormente a una fábrica de cerámica. Y así fue como se fabricó el primer prototipo de la hoy mundialmente famosa botella de Clase Azul.
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Above Arturo Lomeli posando elegantemente en el Rosewood Hong Kong (Foto: Zed Lee)
En la actualidad, los artesanos de Santa María Canchesda, en México, moldean a mano cada decantador de cerámica, empleando técnicas del pueblo mazahua que han pasado de generación en generación. Una vez modeladas, las botellas se hornean y esmaltan antes de que los pintores añadan las características florituras, motivos florales y folclóricos en azul cobalto propios de la marca.
Se trata de un proceso minucioso que puede llevar hasta dos semanas y que garantiza que no haya dos botellas exactamente iguales.
Lomeli también se aseguró de que la etiqueta de Clase Azul pudiera despegarse con facilidad, para que sus clientes pudieran utilizar la botella mucho después de servir el último trago. Todo esto refleja su misión más amplia: llevar el arte, las historias y la cultura de México al resto del mundo.
Lomeli nació en Guadalajara, la capital del estado de Jalisco, donde se produce la mayor parte del tequila mexicano; este origen es parte de lo que le impulsó a formarse como maestro destilador. “Comencé este negocio hace casi 30 años, preparando ponche de granada en la cocina de mi madre”, comenta Lomeli en referencia a un tequila con infusión de granada muy popular en la región, una experiencia que, según él, lo motivó definitivamente a formarse como maestro destilador.
Queremos compartir con el mundo lo hermosa que es la cultura mexicana; no solo porque seamos mexicanos, sino porque somos humanos.
Sus primeros experimentos surgieron más por curiosidad que con fines comerciales, pero de aquellas primeras botellas de producción limitada nació la pregunta que guiaría todo lo que vino después: ¿cómo podría compartir el alma de México con el mundo de una forma que trascendiera los estereotipos? “El tequila es el mayor poder blando que tiene México. Mi destino era crear Clase Azul”, afirma. “Creo que yo no creé Clase Azul, sino que Clase Azul me eligió como guardián de los valores que representa”.
Lomeli y yo conversamos en una suite del Rosewood Hong Kong; ha llegado hasta aquí de la mano de los fundadores de Vines and Terroirs, Charles Soulisse Plou y Valentin Maurel, distribuidores exclusivos de Clase Azul en Hong Kong.
Resulta que el empresario mantiene una prolongada relación con Rosewood Hotels. “En 2005, cuando el huracán Wilma golpeó Cancún, perdimos el 40 por ciento de nuestras ventas”, relata. “Fue verdaderamente devastador”.
Para recuperarse de esas pérdidas, Lomeli y su equipo salieron en busca de nuevas oportunidades y llegaron a Los Cabos, donde Las Ventanas al Paraíso, un resort de Rosewood, le abrió las puertas a Clase Azul. “Fueron los primeros en colocar el decantador de 200 ml de Clase Azul en todas y cada una de sus habitaciones”, recuerda, y añade que la relación se extendió posteriormente a otras propiedades de Rosewood en México, luego en California y finalmente en sus establecimientos de todo el mundo.
Lomeli ha traído consigo a Hong Kong tres decantadores de la última serie de edición limitada de Clase Azul. “Cada año, colaboramos con un artista mexicano distinto que emplee técnicas ancestrales; lo llamamos Master Artisans”, señala. Este año el elegido es Ángel Ortiz. Instruido por sus abuelos, lleva practicando el barro bruñido —una técnica tradicional de la alfarería mexicana conocida por su acabado sin esmaltar— desde que tenía 11 años, y elabora obras que representan escenas rurales y símbolos de la vida y la muerte en tonos terrosos como el ocre, el verde salvia y el azul de medianoche.

Above Retrato del empresario Arturo Lomeli (Foto: Zed Lee)

Above La más reciente serie de edición limitada de Lomeli para Clase Azul por el artista Ángel Ortiz (Foto: Zed Lee)
“Queremos compartir con el mundo lo hermosa que es la cultura mexicana; no solo porque seamos mexicanos, sino porque somos humanos. En esta era de la tecnología y toda esta inteligencia artificial... creo que mantener la esencia del ser humano, mantener vivas las historias, es el núcleo del futuro. Y eso es precisamente lo que hacemos”.
Esa misión se materializa plenamente en las ‘casas de marca’ de Clase Azul: espacios concebidos como la manifestación física del espíritu de la firma y de la esencia que esta transmite, y que Lomeli comparte con tanta pasión.
En total, existen cuatro de estos exclusivos espacios: Clase Azul La Terraza Los Cabos, un íntimo restaurante que marida Clase Azul con una propuesta de gastronomía mexicana contemporánea elaborada con ingredientes locales; The Loft en Brooklyn, que funciona como un enclave privado para eventos; Clase Azul Boutique La Tierra Ebisu en Tokio, la primera sede de la marca en Asia, donde se celebran catas con cita previa; y, por último, Casa de los Leones en la Ciudad de México, inaugurada en febrero de este año.
Tras pasar años construyendo la presencia internacional de Clase Azul, desde clubes de playa en Grecia hasta sofisticados bares en Shanghái, Lomeli decidió que había llegado el momento de volver a casa. “En 2022, pensamos que debíamos regresar a México”, confiesa. “Así que adquirimos una propiedad porque queríamos volver y decir: somos mexicanos y esto es un tributo a nuestra cultura... somos embajadores de México”.

Above Lomeli le dio a Clase Azul un magnífico hogar en Casa de los Leones, ubicada en la Ciudad de México
La residencia en cuestión es una impresionante casa de estilo neoclásico situada en el frondoso barrio de Polanco, en la Ciudad de México, construida originalmente en la década de 1940 por el arquitecto Carlos Peña. Luce el tipo de mampostería esculpida, vidrieras, mosaicos policromados y fachadas ornamentadas que definieron aquella época.
Para adaptarla a los tiempos actuales, Lomeli encargó trabajos a 70 artistas, diseñadores, artesanos y estudios mexicanos, cuyas creaciones se entrelazan ahora en el tejido arquitectónico y experiencial de la casa. Una de las piezas más destacadas es un sofá hecho a medida por la diseñadora Josefina Ruiz y los arquitectos C Cúbica, que emula el patrón de una botella de Clase Azul; por su parte, las mesas de centro, barras y sillas cromadas del diseñador de mobiliario Raúl de la Cerda aportan un toque de modernidad. A lo largo de la vivienda, las superficies de cerámica y piedra evocan la memoria a través de patrones, repeticiones e imperfecciones. En conjunto, todas estas colaboraciones han convertido la casa en un archivo vivo de la creatividad mexicana contemporánea.
En el corazón de la Casa de los Leones se encuentra Taste of Time, una experiencia guiada que se ofrece bajo cita previa. Consiste en una cata de cinco expresiones de tequila, estructurada para rendir homenaje a la cronología de su elaboración: desde el cultivo del agave hasta su añejamiento y acabado final. “Queremos que nuestros visitantes experimenten la calidez de la hospitalidad mexicana, que escuchen las historias que dan forma a nuestra cultura”, señala Lomeli. “Queremos demostrarle al mundo que somos capaces de crear propuestas verdaderamente excelsas”.
Este mes, Lomeli tiene previsto inaugurar su casa de marca más ambiciosa hasta la fecha: La Hacienda Clase Azul, situada en un terreno de 32 hectáreas en los Altos de Jalisco. “Contará con una destilería de tequila, o fábrica, además de campos de agave, un taller de cerámica, un hermoso restaurante y 11 habitaciones para huéspedes”, explica Lomeli. “Adquirimos la tierra en 2016 y ahora, casi diez años después, por fin cobra vida. Estoy emocionado. Muy emocionado”.
Desde una humilde pata de mesa gótica que inspiró su icónico decantador hasta lo que hoy se reconoce ampliamente como una de las marcas de tequila más premium a nivel mundial, resulta absolutamente fenomenal lo que Lomeli ha construido. En una época dominada por tendencias efímeras y precisiones performativas, su insistencia en ofrecer productos estrictamente elaborados a mano, un cuidado relato y pura calidez humana sirve como un reconfortante recordatorio de que las cosas hermosas —aquellas que perduran— requieren tiempo.




