Para Sabina Yulo-Mathay y Enrique “Ikee” Mathay, su boda Yulo fue mucho más que la unión de dos personas
La parroquia de San José Obrero en Canlubang, Laguna, ha sido testigo durante generaciones de las bodas de los Yulo: desde el bisabuelo de Sabina Yulo, pasando por su abuelo y sus hermanos, hasta sus tíos y primos. Por lo tanto, cuando llegó el turno de Sabina de caminar hacia el altar para casarse con Enrique “Ikee” Mathay en enero de este año, la elección del lugar fue evidente. “A menudo me apoyo en mi comunidad para muchas cosas en la vida”, comenta Sabina. La familia, tanto la de sangre como la elegida, siempre ha sido su cimiento. Ikee lo comprendió desde el principio, por lo que, al proponer matrimonio tras siete años de noviazgo, se aseguró de que la familia estuviera presente en esta boda Yulo tan especial.
Tras siete años juntos, Ikee decidió dar el paso, sorprendiendo a Sabina justo antes de un viaje a Hanói. Sabina, que solía bromear sobre cómo sería imposible sorprenderla, se vio gratamente impresionada al encontrar a sus seres queridos reunidos en casa. “Marcó el tono de toda nuestra boda Yulo”, recuerda, “estar rodeados de nuestros seres queridos mientras celebrábamos este hito tan importante”.
Mientras algunas parejas persiguen tendencias y una estética pulida, Ikee y Sabina priorizaron el valor sentimental y la comunidad. La recepción tuvo lugar en la casa ancestral de los Yulo, diseñada por el padre de la novia, el arquitecto Jorge Yulo, a pocos minutos de la iglesia. La ceremonia, oficiada por un familiar, incluyó una selección musical editada por amigos de la pareja, con el tema Spinning Away de Brian Eno y John Cale como pieza central.
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El lazo de la boda fue tejido a mano por una amiga, Monica Valdez de In Stitches PH. El ramo fue un obsequio especial, al igual que los detalles de la tarta de Dear Bonbon, decorada con figuras de sus gatos. “Pensé que el proceso sería solitario”, confiesa Sabina, “pero resultó ser todo lo contrario; fue muy colaborativo. Fue un hermoso recordatorio de que nunca estoy sola”.
Cada elemento que vistió Sabina fue elegido o rediseñado por personas que considera parte de su familia. Su vestido principal, un diseño de Rosa Clará, fue seleccionado por una amiga de la familia. Su segundo look, un vestido de Sassa Jimenez, se combinó con alpargatas Castañer y unos pendientes únicos, reinterpretados a partir de los gemelos de su abuelo. Esta atención al detalle fue clave en su boda Yulo.
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Ikee compartió esta reverencia por lo heredado. Sus barongs, confeccionados por Ana Imelda Canillas, incluían un diseño especial creado por su suegro, Jorge Yulo, inspirado en una de sus obras arquitectónicas. Este gesto unió a la familia, pues los hombres más cercanos vistieron versiones de este esquema. Sus accesorios, desde un brazalete africano hasta el reloj vintage de su padre, contaron una historia personal en esta boda Yulo inolvidable.
En medio de las festividades, la pareja se aseguró de disfrutar momentos privados. Antes de la cena, encontraron un instante a solas como marido y mujer. Luego, Sabina sorprendió a Ikee cambiando la canción del primer baile por So Into You de Tamia, un tema que ambos adoran. “Me encantó ser sorprendido en mi propia boda Yulo”, admite Ikee.
“Nuestro día no trataba solo de nosotros”, concluye Sabina, “sino de celebrar a las personas que nos han convertido en quienes somos”.
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