¿Necesitamos androides que puedan dibujarnos una oveja? “Sheep in the Box”, la nueva película del ganador del Premio del Jurado de Cannes Hirokazu Koreeda, invita al mundo a reflexionar sobre la dependencia humana de la IA.
Hirokazu Koreeda, ganador del Premio del Jurado de Cannes, no es ni mucho menos el primer cineasta en cuestionar la compleja relación entre la humanidad y la inteligencia artificial. Clásicos de la ciencia ficción como Blade Runner (1982) de Ridley Scott, Yo, robot (2004) de Alex Proyas, Her (2013) de Spike Jonze y Ex Machina (2015) de Alex Garland han explorado la difusa frontera entre humanos y máquinas, capturando las ansiedades psicológicas y los riesgos sistémicos de la era digital. En este contexto de reflexión tecnológica, “Sheep in the Box” se destaca por su enfoque humano único.
Con su largometraje más reciente, “Sheep in the Box”, el aclamado director japonés ofrece una conmovedora meditación sobre la creciente dependencia emocional de la sociedad hacia la IA. El drama de ciencia ficción está protagonizado por Haruka Ayase y Daigo Yamamoto, quienes interpretan a una pareja que, tras el fallecimiento de su joven hijo, decide adoptar un robot humanoide infantil de apariencia realista.
En lugar de limitarse al ámbito doméstico, el robot niño entabla amistad con un grupo de máquinas abandonadas del vecindario, lo que los lleva a emprender un viaje colectivo hacia un bosque cercano para establecer su propio santuario. Con “Sheep in the Box”, Koreeda redefine la narrativa de los robots en el cine contemporáneo.
No se pierda: La estrella coreana Lee Jae Yoon habla sobre ‘The Season’ y su incursión fuera de los K-dramas

Above La película “Sheep in the Box” dirigida por Hirokazu Koreeda. (Imagen: cortesía de Edko Films)
En su estructura temática, el relato comparte paralelismos evidentes con A.I. Inteligencia Artificial (2001) de Steven Spielberg, que sigue a un niño robot desechado en su búsqueda por encontrar a su madre humana. En manos de Koreeda, el niño artificial es igualmente realista, funciona como un sustituto emocional para los padres devastados y expone el maltrato sistémico hacia la vida sintética.
Sin embargo, Koreeda, quien se declara abiertamente admirador de la obra maestra de Spielberg, explica que su filme tiene una perspectiva fundamentalmente distinta. “En lugar de centrarme estrictamente en la experiencia del humanoide, mi película examina la de los padres. Son ellos quienes dependen del humanoide para su supervivencia emocional”, afirma. Aunque el robot sigue siendo central en la trama, Koreeda prioriza las tensiones domésticas no resueltas y los remordimientos persistentes de los adultos.
“El padre nunca logró decirle lo que realmente quería a su hijo antes de que falleciera. La madre, por el contrario, está atormentada por palabras hirientes que nunca podrá retirar”, comenta. A diferencia de narrativas de ciencia ficción más convencionales, “Sheep in the Box” ilustra una realidad donde los padres aceptan que la máquina no es su hijo biológico, viéndola en su lugar como una segunda oportunidad simulada para sanar sus profundas heridas emocionales.

Above Una escena clave de “Sheep in the Box” bajo la visión de Hirokazu Koreeda. (Imagen: cortesía de Edko Films)
El título de la película, que funciona independientemente de la novela fundamental de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, enfatiza aún más el interés del director por la psicología humana. En una escena fundamental, la madre lee El Principito de Antoine de Saint-Exupéry como cuento antes de dormir al niño robot. En el relato clásico, el Principito pide a un piloto varado que le dibuje una oveja; el piloto, incapaz de capturar la semejanza, simplemente dibuja una caja de madera e instruye al príncipe a imaginar la oveja dentro.
El piloto sirve como metáfora del robot humanoide en “Sheep in the Box”, en quien la madre, que no sabe cómo procesar el duelo, se apoya para buscar respuestas a su vacío emocional, tal como el Principito pide al piloto visualizar la oveja. A medida que la historia se desarrolla, ella se topa con las limitaciones de la tecnología, dándose cuenta de que los seres artificiales carecen de la capacidad creativa y emocional necesaria para comprender las verdaderas experiencias vitales. El robot niño no puede entender por qué su madre prefiere soluciones más lentas y menos eficientes para sus diseños arquitectónicos, ni tampoco puede experimentar miedo o dolor al saltar desde alturas peligrosas. En última instancia, la madre aprende que los vacíos emocionales profundos no pueden resolverse permanentemente mediante un mero sustituto físico.
No se pierda: Todas las películas que podrá disfrutar este verano

Above La protagonista en una escena emotiva de “Sheep in the Box”. (Imagen: cortesía de Edko Films)
“El objetivo de la película no es obligar a la audiencia a elegir entre la perspectiva del padre, definida por la confusión ante este ser realista, o el intento desesperado de la madre por creer en una falsedad reconfortante”, explica Koreeda. “Quería presentar las diversas dimensiones del arrepentimiento y el dolor que los humanos experimentan a lo largo de sus vidas, y explorar cómo los navegamos”.
La principal inspiración para el proyecto surgió de una tendencia cultural creciente que Koreeda observó en China hace dos años, donde familias en duelo recurrían cada vez más a la IA generativa para construir clones digitales de sus seres queridos fallecidos. “Un fenómeno similar ha estado ocurriendo en Japón, donde la industria musical ha intentado revivir tecnológicamente a cantantes ya fallecidos”, añade. “Hemos llegado oficialmente a una era donde los difuntos pueden ser inmortalizados a través de la IA, un desarrollo que naturalmente conlleva debates éticos”.
Como una declaración artística deliberada contra esta invasión digital, Koreeda eligió estrictamente actores infantiles humanos reales, negándose por completo a emplear CGI o IA para generar las características del humanoide. Incluso la compleja secuencia donde un técnico abre al robot niño para repararlo se basó totalmente en un accesorio físico hecho a mano. “Todo en esta ocasión fue hecho a mano; cuando el público mire la pantalla, quizás perciba una estética ligeramente retro. Quiero ofrecerles una experiencia táctil, como si pudieran extender la mano y tocar al robot”, comenta.

Above El rodaje de “Sheep in the Box” priorizó el uso de accesorios físicos reales. (Imagen: cortesía de Edko Films)
Este sello humano distintivo ha definido durante mucho tiempo la aclamada filmografía de Koreeda, incluyendo obras anteriores como Nadie sabe (2004), Milagro (2011) y De tal padre, tal hijo (2013). “Sheep in the Box” continúa este legado de introspección.
“Cuando trabajo con niños actores, suelo darles el contexto básico de una escena y permitirles expresarse natural y libremente. Pero dado que ‘Sheep in the Box’ requería la representación de una máquina, tuve que pedirles que leyeran el guion y ensayaran las líneas conmigo antes de rodar”, dice. “Aun así, sus interacciones no guionizadas durante los descansos a menudo inspiraban el rodaje”. Señala un momento en que el joven actor Rimu Kuwaki, quien interpreta al robot, colocó suavemente sus palmas sobre la cabeza de Ayase mientras ella se arrodillaba para ayudarlo a abrocharse los zapatos. “Inicialmente pedí a Rimu que pusiera sus manos en su hombro, pero su gesto espontáneo resultó ser mucho más conmovedor, así que lo mantuve en el montaje final”.
“Sheep in the Box”, que obtuvo una prestigiosa nominación a la Palma de Oro en la competición oficial del Festival de Cine de Cannes y se estrena hoy, 18 de junio de 2026, en Hong Kong, sirve como un poderoso recordatorio para que la sociedad evalúe críticamente su relación con la maquinaria. Aunque Koreeda se abstiene de imponer una postura moral definitiva, su narrativa bellamente elaborada deja una pregunta persistente: en una era donde la tecnología puede simular las voces de quienes hemos perdido, ¿cuánta de nuestra propia humanidad estamos dispuestos a rendir ante la máquina?




