El estreno en Asia de “On the Other Earth”, la innovadora propuesta de Wayne McGregor, fusiona la tecnología cinematográfica de última generación con una coreografía visceral para redefinir cómo el público experimenta el movimiento humano.
En una época en la que las artes escénicas compiten a menudo con los medios digitales, podría resultar sorprendente que figuras legendarias del mundo de la danza defiendan con tanta pasión la tecnología en sus nuevas creaciones. Sin embargo, Sir Wayne McGregor, quien recientemente recibió el Premio Laurence Olivier por su destacada trayectoria en la danza, y el director artístico del Hong Kong Ballet, Septime Webre, hacen precisamente eso en su última creación conjunta: On the Other Earth.
Esta pieza de danza virtual se presenta actualmente por primera vez en Asia en el JC Contemporary de Tai Kwun hasta el 2 de agosto de 2026, tras su debut original en la Biennale Danza de Venecia y una temporada posterior en Londres el año pasado. El reconocido coreógrafo Wayne McGregor logra cautivar nuevamente al público.

Above La obra “Wayne McGregor: On the Other Earth”, creada por Wayne McGregor y el Hong Kong Ballet, que se exhibe este verano en Tai Kwun (Imagen: cortesía de Studio Wayne McGregor y el Hong Kong Ballet)
Cuando los visitantes llegan al espacio artístico de Central, se encuentran con una gigantesca instalación cilíndrica construida totalmente con paneles LED. Una vez dentro de la pantalla 3D envolvente de 360 grados, los invitados son invitados a usar gafas de realidad virtual para vivir una representación de 57 minutos. La tecnología crea una ilusión hiperrealista de bailarines que se mueven a nuestro alrededor y que parecen salir de la propia pantalla. A medida que avanza la experiencia, los bailarines se desintegran en píxeles digitales o bailan boca abajo desde el techo, demostrando la visión artística de Wayne McGregor.
En lugar de limitarse a los asientos convencionales, el público tiene libertad para sentarse en el espacio o caminar directamente hacia los intérpretes para observarlos más de cerca. El diseño logra que los espectadores sientan que caminan entre los artistas, situándose tan cerca que es posible apreciar la flexión de un pie, el agarre de un dedo y los sutiles cambios en la respiración y los músculos.

Above La instalación de “Wayne McGregor: On the Other Earth” de Wayne McGregor en el JC Contemporary, Tai Kwun (Imagen: cortesía de Studio Wayne McGregor y Tai Kwun)
Lejos de ser una representación escénica convencional, On the Other Earth redefine la interacción con el público al sumergir a los espectadores en una realidad simulada altamente heterodoxa. La coreografía interrumpe deliberadamente nuestras normas sensoriales, especialmente en las escenas donde los bailarines aparecen completamente invertidos.
“Estamos tan acostumbrados a leer los cuerpos humanos con una orientación vertical”, explica Wayne McGregor. “Al hacer algo tan simple como colocar a los bailarines boca abajo, el cuerpo parece extraordinariamente diferente. Todos nuestros marcos de referencia y pistas se alteran, lo que significa que no se puede leer el movimiento con la misma facilidad. Requiere mucho más trabajo cognitivo comprender lo que vemos, lo que hace que la experiencia sea tan sorprendente como interesante”.
El título de la obra hace referencia a esta sensación exacta, transportando al público, en palabras de Wayne McGregor, “a esta otra dimensión que explora la coreografía y la creación de danza desde un punto de vista diferente, con la esperanza de ofrecer una comprensión distinta de su propia inteligencia física”.

Above La producción “Wayne McGregor: On the Other Earth” de Wayne McGregor, presentada este verano en Tai Kwun (Imagen: cortesía de Studio Wayne McGregor)
Mucho antes de la génesis de On the Other Earth, Wayne McGregor ya estaba fascinado con representar la coreografía a través de diversos medios y dimensiones, ya fuera en vivo sobre el escenario, en galerías o en formato cinematográfico. Hace dos años, estuvo en Hong Kong para presentar Deepstaria en el Xiqu Centre, una producción que jugaba con un espacio Vantablack que absorbe la luz, donde su coreografía se convirtió en una danza meditativa como si estuviera en las profundidades misteriosas del océano. Asimismo, su obra temprana Aeon en el año 2000 exploró las nacientes posibilidades de la retransmisión en línea y la presencia digital en un momento en que el mundo apenas comenzaba a utilizar las plataformas de redes sociales.
Para On the Other Earth, Wayne McGregor ancló la coreografía en una exploración abstracta de lo desconocido. “Estoy muy interesado en la noción del espacio profundo y el mar profundo”, comenta al describir una idea creativa centrada en mirar directamente al vacío. La pieza transita dinámicamente a través de tres entornos distintos inspirados en el vacío. Comienza en la ingravidez expansiva del espacio profundo, navegando a través de desechos cósmicos, antes de entrar en una extraña nave espacial que adquiere su propia forma y estructura geométrica mientras vuela a través de la tierra. Finalmente, la experiencia se sumerge en las profundidades oceánicas, donde, según explica McGregor, los bailarines “se vuelven sin huesos y se desmaterializan al transformarse en seres similares a las medusas”.

Above La obra “Wayne McGregor: On the Other Earth”, protagonizada por bailarines del Wayne McGregor Studio (Imagen: cortesía de Studio Wayne McGregor)
Dar vida a este complejo entorno requirió un nivel de innovación en ingeniería sin precedentes. La representación cuenta con el apoyo del sistema nVis, que cuenta con un entorno de visualización 3D panorámico de vanguardia de 26 millones de píxeles, complementado con un sistema de sonido envolvente de 29.4 canales para una experiencia totalmente inmersiva.
La plataforma es creación de Jeffrey Shaw, catedrático de la Academia de Artes Visuales y director del Centro de Investigación de Visualización de la Universidad Bautista de Hong Kong. Shaw desarrolló esta herramienta como parte del proyecto Future Cinema Systems: Next Generation Art Technology, dotado con 35 millones de dólares de Hong Kong por el Fondo de Innovación y Tecnología de la ciudad.
Wayne McGregor ve esta pieza como un ejemplo fundamental de cómo la tecnología puede abrir nuevas posibilidades para las artes escénicas. Mientras que las pantallas tradicionales a menudo acostumbran a los espectadores a recibir contenido de manera pasiva, este espectáculo virtual invita a caminar y explorar, lo que altera fundamentalmente la dinámica del consumidor. Él sostiene que la proximidad con las representaciones digitales permite una intimidad física imposible en un escenario tradicional. “Los visitantes pueden estar increíblemente cerca de los personajes virtuales, observando el sudor en el rostro del bailarín o mirando directamente a sus ojos”, afirma.

Above La obra “Wayne McGregor: On the Other Earth”, de Wayne McGregor, presentada en Tai Kwun este verano (Imagen: cortesía de Studio Wayne McGregor)
Esta fluida integración de danza y tecnología es la evolución natural de una carrera desarrollada fuera de los límites institucionales de las escuelas de danza de élite. Al crecer como parte de la primera generación con acceso a computadoras domésticas, Wayne McGregor aprendió a programar desde joven, lo que hizo que la tecnología se integrara de manera orgánica en su proceso creativo. Esta curiosidad es anterior al movimiento moderno de arte y tecnología; ya en la década de 1990, cuando los equipos requeridos ocupaban salas enteras, McGregor ya estaba montando las primeras representaciones virtuales bidireccionales del mundo mediante retransmisiones en vivo, bailando en Londres mientras colaboraba simultáneamente con un socio en Canadá.
En las décadas posteriores, observa que la tecnología ha evolucionado desde la temprana replicación de películas digitales hasta el avanzado modelado CGI y los sistemas de inteligencia artificial generativa. “Lo que me fascina ahora es la relación con la inteligencia artificial y cómo puedes tener una conversación creativa con ella sin que disminuya tu juicio artístico, sino abriendo oportunidades de exploración”, afirma. A pesar de la naturaleza avanzada de la obra, tanto McGregor como Webre están de acuerdo en que las innovaciones digitales jamás reemplazarán a las artes escénicas. Webre califica la danza en vivo como una experiencia “irreemplazable, sagrada y catártica”.

Above La pieza “Wayne McGregor: On the Other Earth” con la participación de bailarines del Hong Kong Ballet (Imagen: cortesía de Studio Wayne McGregor)
Wayne McGregor secunda esta opinión, viendo ambos medios como vías paralelas. Para él, “la danza en vivo nunca será reemplazable porque exige que estés vivo” junto a un grupo de personas, observando un despliegue humano espontáneo. En lugar de competir, el espacio digital cierra la brecha de la inmediatez al ofrecer posibilidades creativas que el escenario físico no puede ejecutar, como transportar virtualmente a la audiencia a experiencias imposibles, incluyendo la recreación de espacios icónicos como el helipuerto de The Peninsula Hong Kong.
Mirando hacia el futuro, McGregor ya se prepara para trascender los límites del movimiento físico explícito. Actualmente cursa una beca de investigación de dos años en la Universidad de Oxford para explorar el concepto de interocepción: las señales químicas y hormonales internas que dictan cómo los humanos sienten la emoción o el hambre. Su análisis de cómo la química corporal interna moldea inconscientemente nuestras elecciones espaciales formará la base de sus futuras piezas. En última instancia, su exploración tecnológica nace de un profundo deseo de comprender las cualidades humanas, ya sea mediante la percepción de nuestros sentidos en un show de Wayne McGregor o los químicos que contribuyen a nuestros movimientos.
“Quiero que la gente vea y experimente la danza como una forma de inteligencia física, aplicable a otras disciplinas como la robótica”, añade McGregor. “Los expertos en danza tienen una pericia increíble en inteligencia física que es aplicable a muchos otros dominios. Si lográramos más colaboraciones, los resultados serían extraordinariamente interesantes”.




