The grand dining room, alive with colour and character. (Photo: Mariana Ugarte)
Cover El majestuoso comedor de la Villa Schiaparelli rebosa de color y carácter. (Foto: Mariana Ugarte)
The grand dining room, alive with colour and character. (Photo: Mariana Ugarte)

Villa Schiaparelli, la antigua residencia del otrora director del Observatorio de Brera, Giovanni Schiaparelli, ha recobrado la vida gracias al color, el carácter y la devoción de sus actuales propietarios.

Cuando Enrico Mariani y Alessandra Lonido cruzaron por primera vez las puertas de su hogar, aún desconocían el legado que pisaban. “Lo vimos en internet como cualquier otro anuncio”, recuerda la pareja. “Pero al entrar, simplemente nos quedamos sin palabras”. Solo más tarde descubrirían que la villa había pertenecido a Giovanni Schiaparelli, el astrónomo que dirigió el Observatorio de Brera —la institución científica más antigua de Milán— y tío de Elsa, la mujer que se convertiría en la gran exponente surrealista de la moda.

Este hallazgo lo cambió todo. Lonido, directora creativa en la industria de las gafas, y Mariani, socio director de un bufete de abogados, comenzaron a recopilar libros y memorias, reconstruyendo poco a poco la vida que alguna vez albergó la propiedad. En su autobiografía, por ejemplo, Elsa Schiaparelli recuerda el tiempo que pasaba con su tío en esta residencia a las afueras de Milán.

En sus escritos, relata almuerzos familiares en torno a una gran mesa, la polenta burbujeando en los fogones y tranquilos paseos bajo los cipreses. Rememora cómo la alzaban para mirar a través del telescopio de su tío, mientras su imaginación se encendía con los canales de Marte y los misterios que él creía ocultos en el planeta rojo.

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Homeowners Enrico Mariani and Alessandra Lonido (Photo: Mariana Ugarte)
Above Los propietarios de la Villa Schiaparelli, Enrico Mariani y Alessandra Lonido. (Foto: Mariana Ugarte)
Homeowners Enrico Mariani and Alessandra Lonido (Photo: Mariana Ugarte)

Al leer sus palabras, Mariani y Lonido comenzaron a percibir la casa tal como ella la había conocido. Imaginaron a una joven Elsa acurrucada en un rincón mientras los adultos conversaban, las ramas de los árboles meciéndose con la brisa exterior y a Giovanni transitando entre la vida doméstica y las estrellas. A través de estos fragmentos de memoria, no solo llegaron a comprender el pasado de la Villa Schiaparelli, sino la vida que alguna vez la animó.

“Cuando cruzamos el jardín”, comenta Mariani, “es fácil imaginarlos haciendo lo mismo”. Ese jardín sigue siendo una parte esencial del encanto de la propiedad. Se concibe como una obra permanentemente inacabada, a la que se añaden nuevas plantas cada año. Al caer la noche, los frescos resplandecen en las ventanas superiores, el césped se difumina en la oscuridad y el balcón se transforma en un pequeño observatorio donde la pareja suele detenerse, imaginando al astrónomo contemplando el mismo cielo estrellado.

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Giovanni Schiaparelli's chart of Mars showing the markings called by him the “double canals” in 1877. (Illustration: Getty Images)
Above El mapa de Marte de Giovanni Schiaparelli, que muestra las marcas que él denominó “canales dobles”. (Ilustración: Getty Images)
Giovanni Schiaparelli's chart of Mars showing the markings called by him the “double canals” in 1877. (Illustration: Getty Images)

La propia historia de Giovanni acentúa esa profunda conexión con el lugar. Trabajó en el Observatorio de Brera durante cuatro décadas y llegó a ser su director. Durante la gran oposición de 1877 —cuando Marte y el Sol se alinean en lados opuestos de la Tierra—, cartografió el planeta rojo, observando y describiendo una red de canali, los surcos en su superficie. Cuando el término se tradujo al inglés como “canals” (canales artificiales), desató una oleada de fascinación pública y un siglo de especulaciones sobre la vida inteligente en Marte. Aunque la idea de ingenieros marcianos jamás fue su intención, cautivó sin remedio el imaginario colectivo.

Cerrando el círculo de manera magistral, en la casa de modas que lleva el nombre de Elsa Schiaparelli, su director creativo Daniel Roseberry buscó recientemente inspiración en el cosmos para su colección de Alta Costura primavera-verano 2024. Reconoció los mapas marcianos de Giovanni como parte de la órbita imaginativa de la marca, demostrando que aquella temprana fascinación por el universo aún puede insuflar vida a la alta costura más contemporánea.

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The office studio blends the homeowners’ modern belongings with the original architecture. (Photo: Mariana Ugarte)
Above El estudio combina las pertenencias modernas de los propietarios con la arquitectura original. (Foto: Mariana Ugarte)
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The vibrant green TV room feels both vividly alive and unexpectedly comforting. (Photo: Mariana Ugarte)
Above La vibrante sala de televisión en tonos verdes resulta tan rebosante de vida como sorprendentemente acogedora. (Foto: Mariana Ugarte)
The office studio blends the homeowners’ modern belongings with the original architecture. (Photo: Mariana Ugarte)
The vibrant green TV room feels both vividly alive and unexpectedly comforting. (Photo: Mariana Ugarte)

Los actuales propietarios trabajaron junto a la diseñadora de interiores Miranda Morico, quien describe el proyecto de Villa Schiaparelli como un diálogo entre la historia, el color y el diseño contemporáneo. “La residencia ya poseía un carácter extraordinario gracias a sus techos con frescos y suelos originales, por lo que nuestra prioridad fue honrar ese patrimonio”, explica.

En lugar de alterar la estructura, Morico se centró en la luz, el color y el mobiliario, decantándose por tonos audaces como el verde azulado, el verde oscuro y el rojo para infundir energía en cada estancia. Optó por prescindir de las cortinas, permitiendo que la luz natural y las vistas al jardín se integraran de lleno en los interiores.

Se seleccionaron piezas vanguardistas para contrastar con la solemnidad histórica de la villa, mientras que los toques personales vinculan la vivienda al mundo de la pareja; las pinturas de Lonido y las fotografías de Mariani dan forma a muchas de las habitaciones. “El objetivo era lograr un equilibrio donde el peso del pasado confluyera con la creatividad del presente”, afirma Morico. “La casa narra ambas historias a la vez”.

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Villa Schiaparelli. (Photo: Mariana Ugarte)
Above La majestuosa fachada de la histórica Villa Schiaparelli. (Foto: Mariana Ugarte)
Villa Schiaparelli. (Photo: Mariana Ugarte)

Lonido describe la paleta cromática como un recorrido por la casa, donde cada color suscita una emoción diferente. A ello se suma el mobiliario: piezas contemporáneas conviven con clásicos, fotografías junto a objetos artesanales, y la sobriedad escandinava se da la mano con la elegancia italiana. Todo se percibe habitado, precisamente porque lo está. La Nochevieja supone una mesa rodeada de amigos bajo un horizonte iluminado por fuegos artificiales; los fines de semana son sinónimo de puertas abiertas, conversaciones y música, con invitados que disfrutan plenamente de las estancias en lugar de recorrerlas de puntillas.

Esa sensación de naturalidad conlleva una profunda humildad. “En realidad, no nos sentimos dueños de esta casa”, confiesa Lonido. “Es un privilegio poder cuidarla durante un breve periodo antes de legarla a la siguiente generación”. Tras la mudanza de Mariani y Lonido, los antiguos propietarios la visitaron y no pudieron contener las lágrimas al verla llena de vida de nuevo. “Sentimos que se cerraba el círculo”, recuerda Mariani. “El amor pasó de una familia a otra”.

La pareja suele referirse a la propiedad como si de un ser vivo se tratara, uno que responde a la forma en que se le trata. Es una creencia que trasciende las fronteras de Italia; en muchas culturas asiáticas, un hogar alberga la energía de quienes lo han custodiado, y cada objeto conserva una huella de su pasado.

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Hanging lamps highlight the vivid colours of the walls (Photo: Mariana Ugarte)
Above Las elegantes lámparas colgantes realzan los vivos colores de las paredes. (Foto: Mariana Ugarte)
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(Photo: Mariana Ugarte)
Above Los extensos y exuberantes jardines de la villa. (Foto: Mariana Ugarte)
Hanging lamps highlight the vivid colours of the walls (Photo: Mariana Ugarte)
(Photo: Mariana Ugarte)

Al pasear por la villa, se respira una evidente sensación de continuidad y una serena energía, como si el amor invertido por las generaciones pasadas aún perdurara sutilmente entre sus muros. Mariani y Lonido lo experimentan a diario, lo que reafirma su convicción de ser meros guardianes de un espíritu que ya habitaba aquí; su propósito es honrarlo y permitir que trascienda hacia el futuro.

Anhelan que otros también perciban esa corriente. Organizan veladas a menudo y exploran la posibilidad de ofrecer residencias artísticas, para que mentes creativas puedan trabajar en la villa y nutrirse de su esencia. “No nos parece correcto ser los únicos que vivan aquí”, señala Mariani. “La casa merece ser vivida a plenitud”. Lonido también admite que rara vez imagina el proyecto como algo concluido. Las estancias invitan a la evolución: una sala de billar se transformó en un acogedor rincón de lectura, y un despacho formal sirve ahora como su oficina, reflejando el carácter y el ritmo de vida de los nuevos propietarios.

Se trata de transformaciones respetuosas, nunca radicales. Los frescos, los suelos y las puertas originales se mantienen intactos. La verja aún conserva las iniciales de Maria Comotti, la mujer que heredó la villa y trajo aquí a Giovanni como su esposo. El hogar, tal y como lo expresa la pareja, forma parte de la familia, no es un mero bien de consumo.

Tal vez por eso la presencia de Villa Schiaparelli se siente con una intensidad inusual. Se percibe al atardecer, cuando los cipreses se tiñen de oscuro y uno eleva la mirada hacia las estrellas desde el balcón. Se palpa en las habitaciones, que resplandecen con colores extraídos de la historia pero seleccionados para el presente. Y resuena en la voz de Elsa Schiaparelli, que parece flotar suavemente por los pasillos; aquella joven sobrina a la que un día un tío, fascinado por el cosmos, le mostró el firmamento. Mariani y Lonido son simplemente los más recientes cuidadores. Su gran privilegio es amarla; su deber, transmitir su legado.

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