Desde los célebres anillos de oro de Chipre hasta los ateliers suizos, el arte del esmaltado — pintar con vidrio sobre metal — ha recorrido el mundo por rutas comerciales durante más de 3.000 años
En un atelier bañado por el sol en Jaipur, un maestro artesano empuña un pincel tan fino como un cabello y aplica, con precisión microscópica, capas de polvo vítreo sobre una lámina de oro. Horas después, la pieza entra en el horno a 800°C — allí se decide si el color estallará en brillo o se apagará. Esa tensión entre disciplina y azar, entre ciencia y arte, ha dado forma al arte del esmaltado, una técnica milenaria cuyos orígenes se remontan al siglo XIII a. C.<\/p>
El esmaltado nació en la isla de Chipre, donde orfebres griegos de la Edad del Bronce crearon anillos de oro con la técnica cloisonné — un método decorativo que emplea finas celdillas metálicas para contener el color en su sitio. Desde allí, el oficio viajó por la Ruta de la Seda hacia Oriente, hasta Persia, la India y China, y también hacia Occidente con los comerciantes fenicios, alcanzando Europa y el norte de África. Entre los siglos VI y XII, los artesanos del mundo romano elevaron el cloisonné en medallones esmaltados con iconografía sagrada, cada pieza condensando un relato de devoción. Aquellos objetos litúrgicos aunaban fe y un trabajo manual que exigía excelencia y paciencia. No obstante, muchos artesanos abandonaron el oficio prematuramente por las duras condiciones de los hornos, donde se funde vidrio con metales preciosos, una tarea que agotaba la vista y los nervios, además del calor implacable.<\/p>
Bajo la dinastía safávida en Persia, el esmaltado evolucionó hasta una variante propia llamada minakari. Florecieron los motivos azules y verde esmeralda que evocan el firmamento — “mina” en persa significa “cielo” — y se tejieron filigranas florales en cúpulas y objetos devocionales. Ese sentido espiritual viajó a la India en un periodo convulso. “Se cree que, durante el exilio del emperador mogol Humayun en Persia (1540–1555), el arte del esmaltado que en la India se denominaría posteriormente ‘meenakari’ llegó al subcontinente”, explica la diseñadora Alice Cicolini, cuya obra fusiona tradición y contemporaneidad. “Siempre me ha fascinado que en hindi ‘meenakari’ también signifique ‘secreto’, como un diálogo íntimo entre quien lleva la pieza y su joya.”<\/p>
Lea también: El “valor sin igual” de los anillos de compromiso de diamantes más caros<\/a><\/strong><\/em><\/p>

Above Gargantilla Zoya Resonant Echoes (Foto: Zoya, marca del grupo Tata)
El cariz sagrado del esmaltado se manifiesta en múltiples culturas. En la Grecia clásica, los emblemas esmaltados aludían a la presencia divina; en Persia e India, los colores esmaltados ornaban mezquitas y templos hindúes, invocando la trascendencia a través del color. La superposición de capas y el paso por el fuego evocan ideas de purificación y renacimiento espiritual. Cicolini recrea ese espíritu en sus diseños. Se inspira en los pichvai — pinturas devocionales de Rajastán — concebidos como un “altar portátil”, con bordes rojos que delimitan el espacio sagrado. Esa noción la traslada a la joyería como una forma de rendir tributo al oficio y a la maestría. “El oro posee por sí mismo una dimensión sagrada, al igual que la energía de las gemas; pero, para mí, la verdadera energía que porta una joya procede de la dedicación del artesano a una búsqueda de toda una vida”, afirma.<\/p>
Amplía estas metáforas al describir el trabajo del artesano indio Kamal Assat como un acto de reverencia hacia lo divino. “Me recuerda al anhelo más profundo de la condición humana: el deseo de transmitir la belleza a través de los objetos, para contar historias sobre los prodigios de la naturaleza y salvaguardarlos para las generaciones futuras.”<\/p>

Above Reloj Jaeger‑LeCoultre Reverso One Precious Flowers (Foto: Jaeger‑LeCoultre)
“Lo que hace tan seductor al esmaltado es que se trata de una de las pocas técnicas de joyería capaces de narrar historias con un marcado carácter pictórico”, dice Cicolini. “Refleja el flujo de ideas, de artesanos y de técnicas a través de vastas geografías. Vinculados a la cerámica, los esmaltadores viajaban con sus mecenas acaudalados, mientras sus obras circulaban por rutas comerciales que conectaban Europa con el Imperio otomano, el norte de África, Oriente Medio, India, China y Japón. Motivos chinos aparecen en vidrios iraníes; crónicas romanas mencionan a celtas adornados con bronces coloreados, y los ejemplos continúan.”<\/p>
En China, el esmaltado alcanzó gran esplendor bajo las dinastías Ming (1368–1644) y Qing (1644–1912), embelleciendo tesoros imperiales con simbología exquisita. En Europa, se asocia al arte medieval celta y evolucionó hacia el guilloché en la época georgiana, cuando los artesanos empezaron a jugar con la luz y las texturas. Esa travesura culminó en los huevos de Fabergé — obras maestras de esmalte translúcido con efecto gemológico que funden arte y emblema aristocrático.<\/p>
Jaeger‑LeCoultre, célebre por su maestría en el arte del esmaltado, atesora una herencia de relojes de bolsillo esmaltados que se remonta a la década de 1880. Lionel Favre, director de diseño de producto de la Maison, cita un reloj con esmalte azul translúcido, reverso floral engastado con diamantes, esfera azul real y agujas de oro realzadas con diamantes. Otra pieza destacada es un reloj de bolsillo de 1885 con fino grabado cubierto de esmalte rojo translúcido, decorado con motivos florales, un ancla de barco salpicada de diamantes y un perímetro del fondo engastado con 88 perlas. El Reverso de 1931 encarna la armonía entre forma y función: su caja giratoria protege la esfera a la vez que revela un reverso minuciosamente esmaltado, donde la utilidad se encuentra con la expresión artística.<\/p>
Lea también: Alain Delamuraz, CEO de Jaquet Droz, y el auge de la personalización en la alta relojería<\/a><\/strong><\/em><\/p>

Above Pendientes Zoya Drops of Divinity (Foto: Zoya, una marca del grupo Tata)
Favre alude al Reverso Beauté Indienne de 1936, con una miniatura esmaltada inspirada en el arte indio y encargada por un monarca: La miniatura se cree que representa a la reina consorte de un principado indio, aunque su identidad no ha sido confirmada. Esta obra ejemplifica el papel del esmalte como guardián de relatos culturales a través de la técnica y el diseño, más allá de su dimensión puramente ornamental. Añade que es una de las primeras piezas esmaltadas del taller realizadas con pintura en miniatura, anterior incluso a la era del esmaltado guilloché. La pintura en miniatura exige un esmaltado de precisión extrema para crear paisajes o retratos diminutos y riquísimos en detalle. El proceso demanda pericia: el artesano trabaja con pinceladas ínfimas y lupa, aplica capas sucesivas de color y cuece varias veces a alta temperatura para vitrificar cada estrato, permitiendo matices sutiles y una profundidad vibrante.<\/p>

Above Métiers d’Art en Vacheron Constantin (Foto: Vacheron Constantin)
En India, Revathi Kant, directora de diseño de Titan Company (propietaria de la marca de joyería Tanishq y de la línea de alta gama Zoya), subraya la perdurabilidad y la resonancia cultural del esmaltado: “Si observa cualquier pieza clásica de joyería o un reloj histórico, hallará ahí la huella del esmalte. Es un material muy resistente, capaz de perdurar durante generaciones. Aunque puede astillarse por un golpe, el propio material y la técnica protegen la joya frente a los rayos UV y ofrecen una notable resistencia al rayado. La fusión entre arte y durabilidad es, precisamente, lo que ha hecho que el arte del esmaltado trascienda el tiempo.”<\/p>
Zoya impulsa centros karigar<\/em> para ayudar a los artesanos a sostener su oficio en un contexto de rápida modernización. Kant se implica especialmente en preservar técnicas en riesgo de desaparición, como el gulabi meenakari<\/em> de Banaras — un estilo en esmalte rosa que hoy dominan muy pocos maestros. “Debemos realmente buscar a quienes conservan esa maestría excepcional”, afirma.<\/p>

Above Huevo ornamental en oro de 18 quilates con esmalte rojo finamente grabado de Fabergé; en su interior, una fresa silvestre (Foto: Fabergé)
Las técnicas de esmaltado son múltiples: el cloisonné<\/em> emplea hilos metálicos para contener el color; el champlevé<\/em> talla cavidades en la superficie para alojarlo; el meenakari<\/em> dibuja motivos de color bajo la capa vítrea; el paillonné<\/em> inserta pan de oro bajo esmalte translúcido para lograr un destello profundo, como se aprecia en la colección Shahnameh de Jaeger‑LeCoultre y en la línea Métiers d’Art de Vacheron Constantin. Por su parte, el plique‑à‑jour<\/em>, o “a contraluz”, prescinde de soporte y produce un efecto de vidriera, muy apreciado por maestros del Art Nouveau como Fabergé y Tiffany Studios.<\/p>
Las colaboraciones creativas están insuflando nueva vida al esmaltado contemporáneo. La joyería de Cicolini se inspira en la exploradora franco‑belga del siglo XVIII Alexandra David‑Néel, célebre por su periplo al Tíbet cuando aún estaba vedado a los extranjeros. Sus diseños combinan motivos arquitectónicos y flores de cerezo, y reinterpretan los pendientes tradicionales jhumka<\/em> para el gusto actual. El esmaltador Stanislav Reymer ha ampliado con ella los límites mediante esmalte de laca, que permite una paleta Pantone vibrante y nuevas posibilidades expresivas. A su vez, el taller Métiers Rares de Jaeger‑LeCoultre combina esmaltado, grabado y guilloché para crear efectos celestes — como un cielo estrellado — en el Reverso Tribute Nonantième Enamel.<\/p>
“Hoy, los coleccionistas valoran cada vez más los métiers d’art<\/em> no solo por su belleza, sino por el profundo respeto hacia las horas de trabajo invertidas en cada pieza”, afirma Favre. “El arte del esmaltado exige tiempo, paciencia y un altísimo grado de minuciosidad, por lo que la producción es limitada y cada obra se vuelve rara. Igualmente crucial es preservar y transmitir el saber — el esmaltado es un arte en riesgo, y su supervivencia depende de formar a nuevas generaciones de artesanos.”<\/p>
Artículo traducido del original “What do ancient Cyprus, the Silk Road and a Swiss atelier have in common? The answer is the art of enamelling<\/a>” de Amrita Katara, publicado en Tatler Global<\/em><\/p>




