Ante la caída de los beneficios y la fatiga del mercado de lujo, Swatch tiene cinco grandes motivos para acercar el Royal Oak a las masas con la colección Audemars Piguet x Swatch. Ambas partes lo saben, y en Tatler estamos listos para el Royal Pop.
Todo comenzó, como suele ocurrir con los grandes terremotos del universo relojero, con una simple tipografía. El 6 de mayo, la cuenta de Instagram de Swatch publicó un par de enigmáticos carteles con las palabras “Royal” y “Pop”, cuyas letras P y O se superponían de una manera que desató de inmediato el frenesí en los foros de coleccionistas. La fuente era inconfundible: se trataba de las letras del Royal Oak de Audemars Piguet, prácticamente extraídas del fondo de caja de un reloj de 30.000 dólares y plasmadas, sin palabras, en una campaña de Swatch, sin texto ni explicación. Tan solo una fecha de lanzamiento —el 16 de mayo— y ese inconfundible sonido de clic.
En cuestión de horas, internet ató cabos. Para la mañana del 9 de mayo (en Hong Kong), ambas marcas lo hicieron oficial: el Royal Pop es una realidad, está en camino, y la inminente alianza Audemars Piguet x Swatch podría ser la colaboración relojera más trascendental desde que el MoonSwatch congregó a multitudes interminables en 2022. Solo que, en esta ocasión, Swatch no ha recurrido a su propia familia. Audemars Piguet —una manufactura ferozmente independiente que conforma un tercio de la Santísima Trinidad de la relojería— ha dado el paso. ¿Por qué esta alianza tiene tanto sentido para ambas partes? En Tatler tenemos una teoría respaldada por cinco motivos de peso.
Por si se lo perdió: Met Gala 2026: todos los relojes que se robaron las miradas en la noche más importante de la moda
Un impulso de ventas comprobado
El MoonSwatch no fue tan solo un éxito, fue un verdadero fenómeno. Swatch vendió más de un millón de unidades en menos de un año tras su lanzamiento en 2022, una cifra que eclipsó las predicciones de los analistas y lo convirtió, por un momento, en el reloj más comentado del planeta. Sin embargo, esa energía se ha desvanecido desde entonces, y los números relatan una historia implacable: el beneficio neto del Grupo Swatch se desplomó un 89 por ciento en 2025, situándose en apenas 25 millones de francos suizos, con un margen operativo de un ínfimo 2,1 por ciento. Incluso Omega —la joya de la corona del grupo— muestra un rendimiento visiblemente inferior al de rivales como Rolex y Cartier, lastrada por un inventario desproporcionado y un mercado chino que aún no se ha recuperado. Swatch necesita un nuevo golpe de genialidad, y lo necesita con urgencia. Audemars Piguet, que forma parte de la Santísima Trinidad de la relojería, de propiedad independiente y culturalmente intocable, es el único socio que podría lograrlo de manera creíble a través del proyecto Audemars Piguet x Swatch.
Lazos de marca preexistentes
No se trata de un movimiento improvisado. El Grupo Swatch y Audemars Piguet han orbitado mutuamente durante años. En 2018, ambas empresas desarrollaron conjuntamente el Nivachron —una aleación de base de titanio y antimagnética para espirales de relojes que supera al silicio en resistencia a los golpes e inmunidad magnética, y que se ha utilizado en el Royal Oak desde entonces. Posteriormente, cuando se lanzó la colaboración Blancpain x Swatch en 2023, la cuenta oficial de Instagram de Audemars Piguet apareció en los comentarios con una pregunta muy directa: “¿Cuándo lanzamos nosotros?”. Si a esto le sumamos la bien documentada amistad personal entre el director ejecutivo de Swatch, Nick Hayek, y el ex director ejecutivo de Audemars Piguet, François-Henry Bennahmias —quien afirmó públicamente que el MoonSwatch era una de las mejores ideas que había presenciado la industria relojera suiza en años—, queda claro que los cimientos de esta nueva unión Audemars Piguet x Swatch llevaban mucho tiempo forjándose.
El factor de la accesibilidad
Un Royal Oak promedio se encuentra decididamente fuera del alcance de la mayoría de los compradores. El Royal Pop cambia por completo esa ecuación. No se ha confirmado oficialmente ningún precio, pero basándonos en las colaboraciones del MoonSwatch y Blancpain, prevemos que el Royal Pop se situará en un rango de entre 300 y 450 dólares estadounidenses, lo que pondrá la silueta octogonal y el característico bisel atornillado del Royal Oak al alcance de una generación de compradores completamente nueva. Lo más crucial es que, a ese nivel de precio, no representa una amenaza para el reloj original, sino que funciona como una magnífica campaña publicitaria.
Sinergia innovadora
Swatch siempre ha mostrado una actitud mucho más lúdica que las marcas con las que colabora. Basta con recordar sus cajas Pop extraíbles, los accesorios con cordón y las esferas de estilo pop-art. Todo apunta a que el Royal Pop se inclinará precisamente hacia ese enfoque. Los primeros adelantos han revelado cordones de colores y elementos modulares, lo que sugiere un concepto que va mucho más allá del reloj de pulsera tradicional. Resulta aún más significativo que, según se informa, el Royal Pop contará con un movimiento mecánico —el Sistem51 de manufactura propia de Swatch—, convirtiéndose en la primera colaboración de la marca en alejarse por completo del cuarzo. Esto justificará un precio ligeramente superior, manteniendo al reloj en un territorio sumamente accesible.
Relevancia cultural
El Royal Oak ya se sitúa en la intersección entre el lujo y la moda urbana: lucido por figuras como Jay-Z y LeBron James, mencionado en letras de rap y codiciado por una generación que ni siquiera había nacido cuando Gérald Genta lo diseñó en 1972. Fusionarlo con Swatch amplifica su extraordinario ADN. Más importante aún, esta colaboración abre nuevos caminos en la industria: todas las colaboraciones de lujo anteriores de Swatch habían sido un asunto estrictamente interno, un diálogo confinado a la familia del Grupo Swatch. Audemars Piguet es independiente, y su disposición a cruzar esa línea de la mano de Audemars Piguet x Swatch señala que la era en la que las marcas de lujo percibían la accesibilidad como una amenaza podría haber llegado finalmente a su fin.




