En una era donde la seguridad hídrica se ha convertido en un desafío de supervivencia global, el científico Nguyễn Duy Duy está colaborando con CSIRO para crear una infraestructura de pronóstico de calidad del agua con alcance intercontinental, posicionando al experto como una figura clave en el manejo de “recursos hídricos”.
Como experto del CSIRO (Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth de Australia), ¿cuál considera que es el mayor desafío al transformar un modelo científico en un sistema lo suficientemente fiable para que los gestores tomen decisiones cotidianas?
Un modelo puede funcionar correctamente en un artículo académico, en un laboratorio o sobre un conjunto de datos de prueba, pero para convertirse en una herramienta que un gestor utilice a diario, se requiere mucho más. Nguyễn Duy Duy enfatiza que la gestión de los “recursos hídricos” es compleja.
En cuanto a la calidad del agua, el sistema natural es siempre dinámico. La lluvia, el caudal, la temperatura, la luz, los nutrientes, los sedimentos y la actividad humana interactúan constantemente. Además, los datos no son perfectos: los satélites pueden estar cubiertos por nubes, los sensores pueden fallar y los datos de campo suelen ser dispersos o poco uniformes. El reto es convertir estas fuentes fragmentadas de “recursos hídricos” en una imagen fiable.
Este desafío se magnifica al trabajar en diferentes países, cada uno con condiciones naturales, infraestructura de datos y marcos institucionales distintos. Por lo tanto, construir un sistema de predicción no es solo un problema científico, sino uno de adaptación a cómo cada lugar toma decisiones, comparte información y opera tecnología.
Considero que la clave comienza con la decisión que debe tomarse. Quienes operan embalses, gestionan el riego o se dedican a la acuicultura no necesitan un modelo excesivamente complejo. Necesitan saber si el riesgo aumenta o disminuye, cuál es el grado de certidumbre y qué medidas pueden adoptar. Por ello, siempre concibo el modelo como parte de un sistema de toma de decisiones, no como un producto final aislado.
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Above Nguyễn Duy Duy, científico ambiental de CSIRO, es reconocido por su labor en la gestión de recursos hídricos en la lista Gen.T Vietnam 2026.
Su trabajo se sitúa en la intersección de la hidrodinámica, la teledetección, la IA y los datos de campo. Con el aumento masivo de datos heterogéneos, ¿qué principios debe seguir un modelador para evitar que su trabajo se convierta en una “caja negra” aparentemente precisa?
El principio más importante para mí es que el modelo debe aprender de los datos, pero respetando siempre las leyes de la física, la química y la biología del sistema. Hoy en día, la IA es muy potente para detectar patrones, pero en el entorno natural, si solo perseguimos la precisión estadística sin comprender los mecanismos subyacentes, el modelo puede volverse una “caja negra” convincente pero poco fiable cuando las condiciones cambian.
En la gestión de “recursos hídricos”, trato de combinar observaciones con conocimientos de hidrodinámica y biogeoquímica. Si un modelo predice cambios en las algas o la turbidez, los resultados deben ser coherentes con las precipitaciones, el caudal, la temperatura y otros factores. Un buen modelo no solo responde “qué sucederá”, sino que nos ayuda a entender “por qué sucede”.
Otro principio esencial es ser honesto ante la incertidumbre. En la ciencia ambiental, rara vez existe una respuesta absoluta. Es vital comunicar al usuario el nivel de confianza, los límites de uso y qué condiciones podrían alterar el resultado. Para mí, la transparencia es, a veces, tan importante como la exactitud.
Construir un sistema de pronóstico no es solo un problema científico, sino también un desafío de adaptación a cómo cada lugar gestiona sus recursos hídricos, comparte datos y opera tecnología.
Usted trabaja en un ecosistema científico en Australia y participa en proyectos en Vietnam y la región de Asia-Pacífico. Según su experiencia, ¿dónde suele estar el eslabón más débil al desarrollar capacidades de predicción y gestión?
Muchos países ya tienen acceso a satélites, sensores e IA. El problema más difícil es conectar esas capacidades en un sistema operativo sostenible para los “recursos hídricos”.
Los datos suelen estar dispersos en varias agencias y formatos. Los equipos técnicos pueden ser excelentes, pero faltan mecanismos para compartir la información o recursos para el mantenimiento a largo plazo. Sin una conexión real con quienes toman las decisiones, el impacto práctico es limitado, incluso con la mejor tecnología.
Creo que un país que desea fortalecer su gestión de los “recursos hídricos” debe invertir simultáneamente en tres pilares: infraestructura de datos, capital humano e instituciones colaborativas. La tecnología puede transferirse, pero la capacidad real debe construirse localmente, integrando el conocimiento del terreno y las necesidades específicas de cada sistema fluvial.
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Lo que busco no es solo una predicción más precisa, sino transformar esa predicción en capacidad de adaptación. Si la ciencia ayuda a la comunidad a prepararse mejor, gestionar riesgos y dialogar sobre el futuro de los recursos hídricos, entonces la ciencia se convierte en parte de la resiliencia social.
¿Hay alguna pregunta científica sobre el caudal, la calidad del agua o la seguridad hídrica que siga resultándole difícil, pero que le motive a seguir investigando durante los próximos años?
La pregunta es: ¿cómo predecir sistemas acuáticos complejos con la suficiente antelación, fiabilidad y claridad para que podamos actuar antes de que ocurra el riesgo?
Es una cuestión difícil porque el agua nunca está quieta. Una fuerte lluvia, un cambio en el uso del suelo o una ola de calor pueden alterar rápidamente la calidad del agua. En el contexto del cambio climático, estos eventos se vuelven extremos e impredecibles.
El agua nunca ha sido solo un asunto natural. El flujo de los “recursos hídricos” no conoce fronteras, pero los seres humanos construyen presas, desvían cursos y debaten sobre derechos de uso. Por tanto, predecir el caudal no es solo un problema técnico, sino una cuestión sobre cómo convivimos en un mundo cambiante.
Mi objetivo, más allá de la precisión, es convertir el pronóstico en una capacidad de adaptación. Si la ciencia contribuye a una mejor preparación y gestión de riesgos para los “recursos hídricos”, estará cumpliendo su papel en el fortalecimiento de nuestra resiliencia social.
Artículo publicado originalmente en la edición de Tatler Vietnam Vol. 22.
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