Más que un cambio de ingredientes, este nuevo menú de Le Corto es un diálogo entre aroma, sabor y color, donde la ligereza occidental se entrelaza con la intensidad de Oriente, invitando a los paladares más exquisitos a un viaje verdaderamente emotivo.
Escondido tras la Ópera de Saigón, Le Corto se ha consolidado como un santuario para quienes buscan respirar la esencia de París en pleno corazón de la ciudad. Al cruzar su puerta de madera, se revela un rincón de la capital francesa: paredes en cálidos tonos carbón, espejos dorados de estilo europeo que reflejan una luz tenue, cómodos asientos de caoba y suaves melodías de jazz que envuelven el ambiente, sirviendo como preludio perfecto para un viaje gastronómico excepcional.
En esta ocasión, Le Corto cautiva a sus comensales con un nuevo menú de temporada de profunda complejidad. Bajo la magistral dirección del chef Sakal Phoeung —quien ha dedicado 25 años de su vida a la alta cocina francesa—, cada plato representa una exquisita sinergia entre las técnicas culinarias más rigurosas y la frescura de los ingredientes locales. Más que una simple renovación de la materia prima, esta propuesta es un diálogo sensorial entre aroma, sabor y color, donde la delicadeza occidental se funde armoniosamente con la intensidad característica de Oriente, invitando a los paladares más exigentes a embarcarse en una travesía inolvidable.
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Above El ambiente elegante y refinado del restaurante Le Corto.
La experiencia comienza de manera impresionante con el ritual de degustar caviar directamente sobre el dorso de la mano tras el amuse-bouche. La temperatura corporal realza las notas ricas y saladas características de este “oro negro”; un aperitivo tan auténtico como lujoso, concebido para despertar los sentidos antes de continuar con los siguientes actos de la velada.

Above El exquisito caviar servido como un aperitivo verdaderamente lujoso.
El primer entrante, la merluza negra, es un fascinante experimento con las temperaturas. La interacción entre los elementos fríos y calientes del plato crea una textura de contrastes cautivadora, realzada por una sedosa salsa beurre blanc y finas hierbas frescas. Esta creación es un claro testimonio de los cimientos de la gastronomía francesa: sin necesidad de artificios, alcanza una precisión absoluta para ensalzar la elegancia natural de los ingredientes.

Above La merluza negra servida con salsa beurre blanc y finas hierbas.
A continuación, se presenta el foie gras poêlé —el orgullo de la cocina francesa—, preparado con maestría para lograr un dorado perfecto en el exterior mientras conserva un interior suave y aterciopelado. Su innovadora combinación con una espuma de plátano maduro aporta notas sutiles y agridulces. El plato culmina con una profunda salsa de oporto que equilibra magistralmente la riqueza del foie gras, logrando una armonía asombrosa en este aperitivo caliente.

Above Exquisito foie gras poêlé acompañado de una profunda salsa de oporto.
Como representante de los océanos, el bogavante azul hace su aparición como un interludio poético, permitiendo a los comensales deleitarse antes de llegar al punto culminante del plato principal. La unión de puré de maíz ahumado y salsa de espino amarillo ofrece una verdadera explosión de sabor. La sutil acidez del espino amarillo actúa como catalizador para resaltar el dulzor natural del crustáceo, mientras que el aceite de guindilla deja un regusto agradablemente cálido, conformando un perfil gustativo de notable complejidad y profundidad.
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Above El bogavante azul servido con puré de maíz ahumado y salsa de espino amarillo.
Para el plato principal, este periplo gastronómico se divide en dos vertientes: por un lado, la espectacularidad de los ingredientes de la más alta calidad; por otro, el arte paciente del control del tiempo.
En la primera opción, el corte de ternera Wagyu A5 se deshace al instante en el paladar, dejando su característica untuosidad, equilibrada ingeniosamente con una crujiente costra de arroz verde tostado. Esta combinación deliberada entre un exterior crujiente y un interior excepcionalmente tierno, bañada en un rico jugo de carne, brinda una experiencia de degustación verdaderamente magnética.

Above Corte de ternera Wagyu A5 con una crujiente costra perfectamente dorada.
Quienes busquen un perfil de sabores más asiático encontrarán indispensable la pechuga de pato de Berbería madurada en seco. Tras un minucioso proceso de maduración de siete días y su paso por el horno, la pechuga adquiere una piel delicadamente crujiente y una carne increíblemente tierna y sabrosa. El plato se sublima con una elegante salsa de naranja y una seductora espuma de especias aromáticas. Esta creación alcanza la perfección absoluta cuando se marida con una refinada copa de vino tinto.
Le Corto concluye este extraordinario viaje culinario ofreciendo dos caminos distintos.
Con la Crêpe “Suzette”, los comensales tienen el privilegio de observar su preparación junto a la mesa. Las vivaces llamas azules del flambeado cristalizan de forma espontánea la delicada masa, impregnándola de un embriagador aroma a naranja. La fusión entre el dulzor sutil, la característica pizca de sal de la masa y la refrescante cremosidad del helado de vainilla compone una sinfonía clásica que despierta las últimas emociones de la velada.

Above El espectáculo visual del flambeado clásico de la Crêpe Suzette.
Por otro lado, para aquellos que prefieran un desenlace más vanguardista, “The Cigar” —el postre insignia que lleva el sello indiscutible de Le Corto— resulta una elección impecable. Se presenta bajo la forma de un puro habano crujiente que oculta en su interior una sedosa mousse de chocolate y coñac. El toque más cautivador es la incorporación de un helado de café con leche condensada al estilo vietnamita; una nota familiar y cremosa integrada con suma elegancia que cierra este itinerario gastronómico mediante una brillante y emotiva fusión cultural.
A lo largo de su primera década de historia, Le Corto se ha mantenido fiel a su filosofía “Modern Classic”, un exquisito punto de encuentro donde las más rigurosas técnicas francesas se revitalizan con un espíritu contemporáneo. Aquí, el lujo no se concibe desde la ostentación espectacular, sino que reside en la sofisticación de los ingredientes estacionales y en una identidad verdaderamente irrepetible.
En Le Corto, una cena de alta gastronomía trasciende la exquisitez de los platos. Se manifiesta en una profunda comprensión de la conexión humana, palpable en el ritmo impecable del servicio, la calidez de su entorno y una hospitalidad genuina. Tanto si se trata de la primera visita como de clientes asiduos, cada comensal percibe la entrañable acogida que se brinda a un viejo amigo al abrirle las puertas de casa.
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